¿Si imaginan el total de las poblaciones enteras de ciudades como Mahón, Sestao, Martorell o Puente Genil metidas en un estadio de balonmano para presenciar un partido? Nada más lejos de la realidad que se vivió durante el Francia-España del pasado Eurobasket donde casi 27.000 hinchas galos cantaban al unísono, como viene siendo costumbre, el himno francés a todo pulmón.

Con tantísimas gargantas jaleando para aupar a los suyos hacia la ansiada final que finalmente no pudo ser debido a un extraterrestre llamado Pau. El mismo escenario que vimos será una de las sedes del Mundial de 2017 en el país vecino. Y justamente, en ese mismo partido, se rompió el record de espectadores en un mismo partido de baloncesto en Europa ya que con 26.922 personas congregadas superaba al anterior record justamente marcado 4 días antes en el partido Francia-Turquía.

¿Alguien se imagina algo semejante durante el Mundial? Nuestro record se marcó en Alemania con más de 40.000 espectadores ante un Rhein-Neckar vs Hamburgo. Fue en un campo de fútbol (igual que el Pierre Mayroy de Lille pero sin adaptarse el graderío y con una visibilidad dudosa). Sin ningún tipo de duda, el público francés tan volcado con su deporte y sobre todo con su selección nacional apoyará y llenará las gradas de hinchas.

Lille, una ciudad volcada con el deporte

Más allá del estadio, la fortaleza de la ciudad de Lille y sus 85 municipios radica en su diversidad. Verde, acogedor y atractivo. La ciudad ya es ampliamente conocida y apreciada a nivel internacional gracias a equipos de fútbol como el mismo Lille, Lens o el Valenciennes además de un club en la primera divisón de voley. Dunkerque, que no pertenece a la misma región pero está muy cerca, dispone de un gran club de balonmano en la Ligue-1.

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