Todo el que haya jugado a balonmano sabe que las relaciones que se consiguen gracias a él son innumerables, y que las amistades que se forjan a través de este deporte pueden llegar a ser para siempre. Se puede decir que el balonmano es un deporte muy social: todos los fines de semana, tras la competición, las escenas de saludos, abrazos y charlas entre jugadores de diferentes equipos se repiten constantemente.

Sin embargo, nuestro deporte se ha convertido en una herramienta que cumple una labor social muy importante, más aún que la de crear amistades entre sus participantes. Y todo esto ocurre en una ciudad en la que se respira balonmano por los cuatro costados. Hablo de Valladolid, cuna del histórico aunque ya extinto Balonmano Valladolid y actualmente de dos equipos de élite como el Aula Valladolid y el Atlético Valladolid.


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Ante la hegemonía de estos dos equipos, en tierras pucelanas habitan otros muchos clubes de base que luchan por formar y conseguir a futuras estrellas de nuestro balonmano. Pero, entre todos estos clubes, destaca uno de ellos por el proyecto que creó paralelo a la competición de sus equipos. Nació la temporada pasada, se llama HandVall, y está comandado por Óscar Perales y Yeray Lamariano.

Mientras iban llegando los resultados en competición de todos sus equipos, el club iniciaba su “partido” más importante: ayudar a niños con TEA –Trastorno del Espectro Autista- a integrarse a través del balonmano. Una buena manera de romper barreras y prejuicios entre todos estos chavales.

La temporada pasada, HandVall inició el proyecto junto a 10 niños con TEA. Para este nuevo curso, el club contará con 50 niños. Un crecimiento espectacular que no es tan sorpresivo si vemos los resultados tan positivos que se consiguieron el año anterior. En palabras de Álvaro Ladrero, psicopedagogo de la Asociación Autismo Valladolid, que es quien colabora con el club vallisoletano, “los beneficios a nivel motor y social de los niños son constatables, además de tener una mayor autoestima, aprender a estar en grupo y divertirse”.


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Incluso los propios participantes aseguran que jugando a balonmano se olvidan de todos sus problemas y que les sirve para mejorar su comunicación, saber tratar a los demás y sentirse parte de un grupo, además de divertirse mucho sobre el 40×20. Una gran iniciativa con muy buenos resultados, por lo que para esta temporada se han unido más personas y colaboradores al proyecto. Por ejemplo, el Colegio Sagrada Familia “Jesuitinas”, en el que un diez por ciento de sus alumnos sufren TEA, aportará para el proyecto su pabellón cubierto.

Gracias a esta aportación de las “jesuitinas”, HandVall podrá realizar entrenamientos cada martes con todos los participantes del proyecto, divididos en tres grupos de una hora cada uno según su edad. Una manera inmejorable de integrar a este sector tan “olvidado” por muchos y que este club de Valladolid ha decidido acoger para que pasen un buen rato juntos y aprendan los valores de nuestro deporte. Como bien dice Óscar Perales, y a modo de cierre de este artículo, esto es “la magia del balonmano”.

Pablo Lozano
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