Todo empezó en el patio del colegio cuando con un balón, dos mochilas y la puerta de la entrada nos montábamos nuestro “40×20”. Sin pensarlo aquél “pasa patios” terminó siendo una extra-escolar de lo más divertido, y con la llegada del instituto, mi deporte. Los fines de semana fueron convertidos en mañanas o tardes de pabellón viendo cualquier encuentro que se jugara. Guardo muchos recuerdos de toda la etapa base, torneos, entrenamientos, campeonatos, discusiones, charlas de vestidor, broncas, ilusiones, esfuerzo, sacrificio, compañerismo… Vaya, lo que te enseña el deporte; jugar en equipo, respetar y ser respetado, organizarte para poder hacerlo todo, estudios, entrenamientos, partidos y al final, lo más importante, hacernos mejores personas y aprender de cada pequeño detalle. Aunque no siempre todo es tan bonito, después de varias lesiones en mi hombro, me tocó pasar por chapa y pintura.


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Pero recapacitando un poco pienso que a veces no somos conscientes de la suerte que tenemos algunos/as de poder hacer lo que nos gusta. Y como siempre de lo negativo hay que sacar lo positivo, a raíz de todo y sin pensarlo apareció el arbitraje en mi vida. Hace dos años que sin saberlo me colgué una mochila en la espalda e inicié un proyecto en mi vida que poco a poco va cogiendo algo de forma. Al principio haces un curso donde te enseñan que un empujón en el aire son 2’’, pero nadie te enseña a construir tu criterio, defender-lo, ganarte el respeto… No hay reglamento en mano en ese aspecto, sí que hay herramientas y gente a la que puedes preguntar pero creo que todos me habréis entendido.

Cuando empezó todo no fue fácil, algo que aún echo de menos, los viajes en equipo, ahora aunque no siempre son viajes “solitarios”. Es entonces cuando solo tienes una opción, ESPABILAR. Analizándolo bien, ¿qué veía la gente en mí? Una niña (como ahora) que medía poco más de metro y medio (ahí sigue mi estatura) y pareciendo aparentar seriedad (creyendo que así ya me hacía respetar jaja). Pedía el vestuario del árbitro y lo primero que se oía: ¿Pitas tú?, ¿Tú sola?, ¿A los chicos?, o alguien que al finalizar el partido me confesaba que en verme pensó, “a esta se la van a comer, pobre…” pero luego que venga y te diga, “oye, pues “muy bien””. Creo que nosotras tenemos una faena extra con la que ellos ya parten con un poco más de ventaja, hacernos respetar. Aunque solo hay que creer en lo que uno hace y ganártelo que para nada es fácil. Claro que he escuchado el típico comentario “en casa es donde tendrías que estar tú, fregando los platos” o “en la salida te rompo las piernas”, pero eso ya depende de la educación de cada “persona”. El respeto se consigue, partido a partido y trabajando, no hay una fórmula mágica.


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He tenido la oportunidad de vivir experiencias extraordinarias de partidos, torneos y campeonatos que van a quedar guardadas siempre en mi mente. El conocer gente, compartir opiniones, ofrecer tu ayuda y ser ayudado, eso es lo más bonito. Esta es nuestra liga y hay que jugarla, no ganamos puntos pero cada vez vamos metiendo nuestro granito en la mochila que sin saberlo nos colgamos en la espalda el primer día. Cuantos más granitos tengamos mejor, positivos y negativos, de todo se aprende, ¿verdad? Y como dice alguien que me está ayudando a llenarla “Equivócate, estamos aquí para eso. Prefiero meterte la “bronca” por haberlo intentado a que no lo hayas intentado”. 

Finalmente pienso que no hay árbitros y árbitras. Todos somos uno y todos jugamos la misma liga siempre y cuando nosotros pensemos que es así. Aprende de los mejores y búscate un buen compañero de viaje, cargar una mochila entre dos siempre es mejor 🙂

Xavi Vegas
Sobre el Autor

Periodista. Con ganas de contar historias. Todo aquello que no trasciende no deja de ser interesante, tan solo se le tiene que dar el punto de vista adecuado.

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