¿Balonmano masculino o femenino? ¿Qué es lo que le gusta más al aficionado? Pues como sobre gustos no hay nada escrito, hay de todo, aunque yo soy de los que piensan que el balonmano es un deporte maravilloso en todas sus facetas y modalidades y lo practique quien lo practique. Pero… ¿y los entrenadores? ¿Qué piensan? ¿Qué diferencias hay entre entrenar a un equipo masculino y a un equipo femenino?

En principio y lo creo importante, no conozco a muchos entrenadores que hayan trabajado tanto en chicos como en chicas. A pesar de esto, se me vienen a la cabeza grandes maestros que sí que lo han hecho, como José Luis Villanueva, Luis Carlos Torrescusa, Julián Ruiz, Diego Soto, Luis Magallanes, Juanto Apezetxea y en Europa, Ulrik Wilbek ha dirigido a las selecciones danesas masculina y femenina. Seguro que me dejo alguno en el tintero pero me consta, porque así me lo han hecho llegar personalmente y además lo he escuchado en esos corrillos balonmaneros, que hay muchos entrenadores que no quieren o no les gusta dirigir chicas y también al revés.


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En edades de formación, sobre todo, hasta la categoría infantil, no se detectan grandes diferencias. De hecho, cuando vemos un partido benjamín, hay muchas niñas mucho más coordinadas que muchos niños. Además, no hace falta que diga que estas edades son para captar y divertirse. Pero cuando ya entramos en las categorías que se acercan al rendimiento y por supuesto, en la élite, aquí ya se detectan diferencias entre el juego que pueda hacer un equipo masculino al juego que realiza un equipo femenino.

La primera diferencia que vemos es que el balonmano femenino es más táctico que el masculino. La capacidad física del jugador le permite romper un encadenamiento táctico simplemente por su gran potencia de lanzamiento. Mikkel Hansen es un gran ejemplo, pero ojo, en chicas también han habido y hay jugadoras con esa capacidad, como Natalia Morskova, Katarina Bulatovic, Bea Fernández, Lydia Montes o Susi Fraile. En un partido femenino observamos jugadas para buscar situaciones ventajosas y espacios libres para lanzar pero esto tiene su encanto: ser capaz de recepcionar, atacar y pasar a una gran velocidad, como recuerdo los 2×2 en el centro con la central Lidia Sánchez y la pivote Diana Box en el Elda Prestigio. De libro.

La segunda diferencia que vemos es en el aspecto defensivo. En un partido masculino, como hemos explicado antes, los atacantes pueden hacer gol con mucha más facilidad y en situaciones muy explosivas, por lo que eso exige situaciones tácticas diferentes, además de muchos más 1×1 defensivos. En un partido femenino vemos situaciones donde se suele defender más en grupo para cerrar los espacios libres. Además, en cuanto aparece una jugadora que pueda desequilibrar, se realiza una defensa mixta, lo cual debería estar prohibido en la base.


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La tercera diferencia, que no podemos ver en un partido pero que existe en los entrenamientos, es la intensidad y la gestión del equipo. Un jugador acude al entrenamiento siempre con la misma actitud, sin depender los problemas que haya tenido durante el día. Todo esto no le afecta y a la hora de trabajar no suele variar la intensidad. En cambio, una jugadora cuando acude al entrenamiento y lleva en su cabeza cualquier problema que haya tenido -exámenes, conflictos familiares…-, su rendimiento en el entreno puede variar. Eso sí, si está contenta y feliz, te va a dar lo mejor que lleva dentro.

Un equipo masculino no suele tener muchos picos de intensidad, por eso mantienen un mismo nivel; un equipo femenino suele tener más picos, eso sí, si mantienes un nivel alto, el éxito está asegurado. Es normal que el lector que haya leído mis palabras pueda o no estar de acuerdo, pero quiero que quede una cosa muy clara, y es que como he dicho al principio, el balonmano balonmano es, y lo practique quien lo practique, todos debemos remar en la misma dirección.

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