Con apenas, 16 años, Antonio tuvo la suerte de ser llamado por el nuevo BM Atlético de Madrid para hacer la pretemporada, allí pasó 2 años y tenía una enorme proyección, adoptó el mote de «los rizos del balonmano español» y era comparado con Sterbik, tras la desaparición del club, nos hemos preguntado por él. ¿Dónde está el chico tímido, blanquito y pelirrojo del balonmano español? ¿Por qué no está en un gran equipo? Para respondernos a estos interrogantes, nos hemos ido hasta el madrileño barrio de Moratalaz, al pabellón de SAFA, club donde ahora juega, antes ligado al Bm Atlético de Madrid cómo cantera.

Antonio nos cuenta que, Iván Enríquez, su actual entrenador ya le había comentado la posible unión y su participación en la pretemporada del futuro equipazo y que si todo salía bien se convertiría en el tercer portero, pero que fue mientras estaba en la playa cuando recibió una llamada de Luis Miguel López que se lo confirmó y a partir de ahí empezó a soñar. «Es uno de los mejores regalos que la vida me va a dar, hoy soy quién soy y mi vida es lo que es gracias a esa casualidad».


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El portero de SAFA confiesa que no era totalmente consciente de lo que vivía durante su etapa en la élite, aun así lo vivió con mucha ilusión, disfrutó y aprendió mucho, no sólo de balonmano. «Grandes experiencias y lecciones que a día de hoy me sirven». Destaca que lo mejor fue estar con aquellos jugadores, Talant, Raúl, el resto del cuerpo técnico y del club, que lo trataban cómo uno más pero a su vez lo cuidaban cómo al más pequeño. Deportivamente, apunta que ganar títulos, pisar el espectáculo de Colonia y disfrutar de minutos de juego, viajes y conocer muchos países fue lo mejor.

Antonio nos explica que los que más le apoyaban eran Jota (Hombrados), Talant y Raúl, pero que de todos guarda un gran recuerdo. «Son deportistas de élite pero personas sencillas y humildes en su forma de ser. Es otro mundo distinto al fútbol. De las experiencias y de la charla con cualquiera de ellos sacas algo valioso que aprender.» Lo que más le sorprendió fue ver todo el trabajo que hay detrás del éxito y que de puertas afuera no se ve. «Hay mucho sacrificio y dedicación detrás de una medalla y de un título. Hoy por suerte lo sigo viendo gracias a mi carrera en el INEF. Veo a muchos deportistas prepararse día a día, gente que probablemente estará en Río en un año. El precio a pagar por el éxito es altísimo, esa fuerza de voluntad y dedicación no está al alcance de todos.»


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El guardameta nos cuenta que no tuvo problemas con los amigos que tenía, que son los mismos que ahora tiene y tenía durante esa etapa y qué le sorprendía cuando le pedían fotos y autógrafos, pensaba «¡Si soy Antonio, el de siempre!» En cuanto a la desaparición del club añade que lo vivió con mucha pena pero que se queda con el recuerdo maravilloso con gran cariño.

Sobre su decisión de volver a su club de toda la vida, SAFA, en vez de buscar un club de élite nos confirma que tuvo ofertas de equipos españoles y extranjeros, pero que pensó en qué sería lo mejor para su futuro, vio prioritario formarse en sus estudios y cómo no siempre pueden compaginarse con la vida del deporte a alto nivel y el balonmano no tiene mucho nivel económico, pensó que quedarse en Madrid sería lo mejor. Nos dice que SAFA para el es su casa, es muy feliz jugando allí, compiten a buen nivel y son una familia porque la mayoría se conocen desde niños. Nos reímos y hay muy buen ambiente porque además, Iván, es muy cercano y nos conoce de toda la vida.

A nuestra pregunta de un futuro más ambicioso nos expresa que tiene ganas e ilusión por jugar en categorías superiores u otros países pero que le gustaría hacerlo con los estudios terminados, es consciente de que el balonmano no espera pero se ve joven y bien y no ve por qué no va a poder tener una oportunidad. Pero nos cuenta que la mayor alegría deportiva para él sería conseguir, un día, ascender con SAFA a DHP porque significaría mucho para él.


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En su faceta de entrenador le pedimos consejos para los más pequeños: «Lo primero que disfruten jugando y siempre mantengan la ilusión. Lo segundo es que sepan que todo es posible y alcanzable. Que si le preguntan al Antonio de hace 4-5 años todo esto no lo habría imaginado, porque por entonces también entrenaba en el patio del colegio. Disfrutar, tener ilusión y saber que es posible.»

Para finalizar, Antonio Díez nos pidió añadir unas palabras: «Le doy las gracias a cada uno de mis entrenadores y compañeros porque de todos se saca algo siempre y te hacen aprender. Pero especialmente le doy las gracias a Iván, a Talant y a Raul ya no solo por las oportunidades deportivas que me han dado sino porque siento que gracias a ellos hoy puedo hacer lo que hago y soy feliz con ello. Me siento en deuda con ellos de por vida

Yo, Álvaro Peña, tengo la suerte de considerarme amigo de Antonio y compañero de viajes y club, me gustaría destacar su humildad, trabajo y felicidad contagiosa y decirle que todo lo que vivió, de verdad, lo merecía y lo merece. Gracias por la entrevista.


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