No hay fuerza más imparable que la que consigue sacar tu mente. Ese sea posiblemente el eslogan del balonmano español a la hora de salir al extranjero, cuando toca dar la cara en las competiciones internacionales. Cuando la diferencia física con el rival es notable, la calidad técnica de los españoles sale a pasear como un sello distintivo de nuestro balonmano de cara al mundo.

El balonmano español basa su devenir en estas competiciones internacionales en la preparación técnica y táctica de sus jugadores desde la base, desde sus primeros años como practicantes de este deporte. Todos los entrenadores de cada colegio o cada equipo saben que aquí el balonmano se juega rápido y que los recursos técnicos de los jugadores deben ser muy variados para hacer frente en un futuro a los “gigantes” europeos –Alemania, países escandinavos…-.


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Por tanto, la preparación técnica y táctica de los jugadores desde que son benjamines o alevines es clave para que después, cuando lleguen a la élite, tengan los recursos suficientes para plantar cara a equipo mucho más físicos que ellos. Esto lo hemos visto cientos de veces y lo seguiremos viendo, cuando juega la selección española, tanto masculina como femenina, en europeos contra equipos como Dinamarca, Islandia o Suecia.

Sin ir más lejos, este verano hemos visto dos ejemplos muy claros de la diferencia de físico que hay entre nuestros jugadores y los de otras potencias europeas, pero esos recursos técnicos de los que hemos hablado han revertido la situación y en la mayoría de las ocasiones los españoles han salido victoriosos de la batalla física que les imponía el rival.

El primer caso se dio en el pasado Europeo Junior Femenino, que se celebró en Valencia. Las españolas, dirigidas por Sagrario Santana, partían con el objetivo de quedar entre las 8 primeras clasificadas en su gran cita. Una de las estrellas de esta generación es Anthía Espiñeira. La central gallega mide 164 centímetros y apenas supera los 50 kilos. Un físico que en gran parte de las ocasiones no daría el perfil para jugar a balonmano. Sin embargo, la velocidad y la gran cantidad de recursos técnicos que atesora la gallega le proporcionan ventaja a la hora de abrir espacios entre las defensas rivales.


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A pesar de toda esa ventaja técnica, siempre hay rivales que te bloquean hasta el punto de dejarte en blanco durante todo el partido. Eso le pasó a Anthía –además jugó todo el Europeo con la rodilla maltrecha– sobre todo en los dos últimos partidos, ante Alemania y sobre todo ante Montenegro con las dos prórrogas que la gallega se jugó enteras. Por mucha calidad técnica que tengas, 80 minutos ante un rival físicamente más potente que tú te acaba matando en algún momento.

Pocas semanas después, en Rusia se celebraba el Mundial Juvenil Masculino. Los chicos de Alberto Suárez viajaron a tierras rusas para buscar una nueva medalla que les consolidase como potencia mundial en su generación. Al final se fueron con las manos vacías pero un gran cuarto puesto tras un torneo espectacular en el que solo Alemania, Islandia y Francia pudieron con los nuestros. Si nos paramos a reflexionar, solo vencieron a los españoles los equipos más potentes físicamente.


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En estos casos, sobre todo en categorías inferiores, al final el físico suele vencer a la calidad técnica, aunque siempre está España para demostrar lo contrario. En este Mundial, Ander Torriko, con 180 centímetros y 81 kilos, hizo las delicias del público presente en las gradas y fue la pesadilla de muchas de las mejores defensas. Sin embargo, a la hora de la verdad, con muchos partidos a sus espaldas y contra los equipos más físicos, el vasco y el resto del equipo no pudieron con ellos a pesar de toda la resistencia opuesta.

A pesar de las dificultades, esos locos bajitos siempre están luchando por dejar al balonmano español en lo más alto. Si no hay físico, hay ganas, corazón y cabeza para sustituir la fuerza por la inteligencia. Ese es nuestro ADN, nuestra seña de identidad. Allá donde vayamos, todos nos tienen miedo, y todos saben que no es por nuestro físico, sino porque técnicamente muy pocos nos ganan. Somos una “raza” especial dentro del mundo del balonmano, pero que siga así, que somos unos jugones.


Pablo Lozano
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