Corría el año 1971 en la localidad cubana de Bayamo cuando nacía un chico que crecería hasta los 1’93 metros y más de 110 quilos de peso. De nombre Rolando Urios, ese chico terminaría siendo un referente mundial e histórico por opinión prácticamente unánime.

No tardó mucho en cruzar el charco para incorporarse al balonmano europeo, vistiendo los colores del Veszprém KC, con quien conquisto en el 1998 la liga húngara, que prácticamente estaba monopolizada por su club. Al final de temporada lo abandonó para unirse al US Ivry Handball francés. Por aquel entonces ya era un fijo en la selección cubana, con la que llegó a disputar 79 partidos y conquistó 5 veces el oro en los juegos Panamericanos.


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El jugador que destacaba por su impetuosidad en la lucha por la posición y su gran capacidad para recoger difíciles pases siguió su tendencia geográfica hacia el sur y en 2001 llegaba al mítico club Balonmano Ciudad Real. Defendiendo la camiseta manchega consiguió ganar hasta 22 títulos en 8 temporadas, siendo una de las piezas clave de un conjunto idílico. Por aquellos años “Roli” quiso seguir creciendo y ser más ambicioso en el panorama internacional, por eso se nacionalizó español y fue también una pieza clave en la selección española de 2005 que ganó el mundial de Túnez.

Muchos títulos, un palmarés al alcance de pocos sin duda. ¿Pero qué tipo de jugador era Rolando Urios? “Roli” era un rocoso pivote que siempre conseguís ganar la posición. Para entrenadores que buscaban a menudo el juego con el pivote como Juan Carlos Pastor eran capitales (así se vio en Túnez 2005 con la gran conexión que desarrollo con toda la primera línea española). Además, sus manos llenas de pega que conseguían hacer que cualquier pase conectara con él por dudoso que fuera hicieron que algunos le apodaran como “el pulpo”. Uríos terminaba aquí, junto a su físico, habilidad para posicionarse y sus manos estaban una gran capacidad de definición e inteligencia en los movimientos recorriendo la línea de 6 metros; todas estas cualidades le convirtieron en uno de los mejores, sino el mejor, pivote de la historia.


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Muchos de los que han coincidido con él en vestuarios de clubes y selecciones han resumido su aportación en el campo de la misma forma: “Rolando sacaba petróleo”. Con esta expresión se refieren a que prácticamente todo balón que era filtrado hacia él terminaba en gol, y en los casos en que el esférico no llegaba a la red, el genio hispano-cubano solía conseguir que los colegiados se vieran forzados a señalar lanzamiento de 7 metros y/o 2 minutos de exclusión para el defensor.

Probablemente los jugadores más parecidos hoy en día a Rolando Urios sean el guipuzcoano Julen Aguinagalde, o con un parecido mucho más allá del estilo de juego su propio hijo, de nombre también Rolando actualmente en las categorías inferiores del Fusche Berlín.

Jimmy Martín
Sobre el Autor

Aficionado al deporte, a la escritura, a la lectura, y al humor. Vivo el balonmano como aficionado, periodista, entrenador y portero. Me defino como resiliente y heurístico.

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