Marga Ferriol, la vida de una jugadora un tanto atípica, donde la solidaridad de un club, una afición y una ciudad hizo que pudiera mantenerse una temporada más en Sant Joan Despí y seguir jugando un año más al balonmano.

Mallorquina de nacimiento y estudiante de INEF, decidió estudiar sus últimos años de la carrera en Barcelona, donde comenzó su andadura con el balonmano. Por recomendación de un profesor de la universidad, comenzó a jugar al balonmano en un equipo de Sant Joan Despí. Los últimos dos años de carrera y posteriormente un máster, compaginó los estudios con este deporte. Pero realmente, su historia más apasionante comenzaría la temporada siguiente.

Ferriol, sustentada por sus padres, no podía permanecer un año más en Barcelona por falta de recursos y se tuvo que volver a Mallorca. Sin embargo, el club le ofreció continuar en el equipo un año más y solo tendría que viajar los fines de semana. El club destinaría su cuota como jugadora para avalar sus viajes y el dinero que todos los clubes aportan para los encuentros que se disputen fuera de casa, sería también para ella. Los propios padres de las jugadoras se ofrecieron para ser ellos los que llevaran a las jugadoras en sus coches particulares.


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Sus compañeras también hicieron lo suyo, y cualquier idea para obtener recursos les valía para hacerlo: pasteles para vender en una tarde de mini-handball, calendarios, rifas navideñas o cestas con productos típicos mallorquines fueron algunas de las iniciativas que se tuvieron para que esta portera pudiera disfrutar un año más del balonmano. También de sus compañeras, de esas amigas que en todo momento, junto al club y la afición, no le dieron la espalda en ningún momento y la apoyaron más que nunca.

Tras una temporada repleta de victorias, consiguieron su objetivo de todo el año, ascender a División de Honor Plata, pero Marga Ferriol tendrá esa espinita: no pudo continuar su sueño, una categoría más implica más dedicación y ella no podría seguir, su trabajo en Mallorca y familia eran motivos de peso para dejar atrás esos años vividos.

Nunca olvidará a sus amigas de pista, con ese ambiente especial que se crea, a toda esa gente que la apoyó y la arropó, agradecida a esa oportunidad que se le brindó, unida a una solidaridad común para poder disfrutar del balonmano. A sus 24 años, declara estar con las puertas abiertas para algún día volver a estar bajo palos, a disfrutar de estos momentos que solo un deporte y un equipo le podrían aportar, volver a sentir ese compañerismo que a esta forastera se le ofreció como a una más, y rotunda manifiesta, «que lo repetería una y otra vez».

Paula Lorenzo
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