No hace mucho alguien me preguntó que por qué jugaba a balonmano, que qué hubiese hecho si no se me hubiese presentado esta inusual oportunidad. Una vez más, respiré hondo y me dediqué a repetir la historia que tantas veces he contado. Le expliqué que la temporada pasada acabé exhausta, que quería dejarlo, vivir la vida universitaria, saber lo que es poder salir un viernes sin tener que ir a entrenar, que juré que no volvería a la pista si no había dinero de por medio.

En ese momento, el me cortó bruscamente y exclamó: “¡Ah, que es por pasta! “Bueno tampoco es eso…” Intenté rectificar bruscamente. “Yo juego porque me gusta.” Continuó él: “Me gusta defender, atacar, marcas goles, decepcionarme porque no juego o por perder, me gusta pegar, correr e incluso sentirme cansado al acabar un partido.” Sin ningún argumento válido, decidí retirarme de la conversación lo más dignamente posible y sin darle la razón, porque sé que yo no la tenía.


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Pero, ¿y él?, ¿la tenía? Hoy, después de haber pasado el tiempo, la respuesta ha llegado a mi mente sin ser esperada. “El Balonmano es mi droga, y como la mía la de muchos otros.” He invertido en este deporte tiempo, dinero, ilusiones, gracias y desgracias. Lo utilizo para evadirme de mis problemas, y a la misma vez (en ocasiones) me los crea. Me gusta consumirlo y ver a otros como lo consumen e incluso animo a cualquier persona a probarlo. Distingo la calidad del producto a simple vista y he discutido con amigos por pretender obligarme a dejarlo.

Ha llegado incluso a dañarme el cuerpo y aun así no he podido retirarme. He conocido a gente maravillosa que también tienen esta dependencia, pero desgraciadamente he conocido a otros que han intentado joderme, como jugadora y como persona. Puedo decir que soy una adicta, que lo necesito para vivir, que la sensación de éxtasis que siento cuando me encuentro en el campo, no tiene precio, es incomparable e indescriptible. Que soy incapaz de recordar lo que pasa por mi mente en ese momento, porque creo que no pasa nada, que actúo por impulsos y que posiblemente es el único momento en el que soy realmente libre, sin serlo.


por Clara del Baño Pérez



Xavi Vegas
Sobre el Autor

Periodista. Con ganas de contar historias. Todo aquello que no trasciende no deja de ser interesante, tan solo se le tiene que dar el punto de vista adecuado.

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