Al fin, próxima parada, Polonia 2016. A falta de 37 días para el inicio del torneo, los cuernos y tambores polacos ya entonan el ritmo de batalla balonmanístico, que retumba por medio planeta. El mundo del 40×20, aún con el Mundial de Qatar en la memoria, se vuelve a ilusionar ante la mayor cita deportiva por combinados nacionales. Diferencias y similitudes entre los dos torneos. El balonmano es el mismo nexo de unión de decenas de miles de aficionados, que esperan disfrutar de esos benditos días de resina, goles y victorias de banderas con frenesí. Los protagonistas y el escenario son prácticamente los mismos, pero el concierto es mucho más intenso, eléctrico y espectacular. La suma de pequeños detalles y pautas que bailan entre lo deportivo y lo burocráticamente correcto hacen que el envoltorio, la forma e incluso el interior del producto mundialista diste –y mucho– del continental.



La estructura, clave

El sistema de competición marca, en parte, la situación. La estructura final del torneo que organiza la IHF consiste en una fase de grupos inicial formada por 24 equipos y 4 bloques (6 conjuntos en cada uno). De todos ellos, los 4 primeros se clasifican para la siguiente y definitiva fase (caen solo 2 por grupo), a partido único eliminatorio, desde los octavos hasta la gran final. En Europa las cosas cambian. Aquí son 16 los equipos que compiten en 4 grupos (4 en cada uno) para alcanzar la segunda de las tres fases que tiene el campeonato. Los 3 mejores conjuntos de cada parte del cuadro se emparejan en dos bloques, de donde saldrán cuatro países (los primeros del grupo 1 y 2 en uno, y los del 3 y 4 en el otro). A partir de ahí normalidad: dos semifinales, la gran final y el partido por el tercer y cuarto puesto. Sistema más sencillo de lo que parece sobre el papel.


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Esto, sumado a que en el circuito más internacional las plazas para equipos europeos son limitadas, provocando que grandes escuadras se queden fuera del cuadro final; hace que la estructura mundialista sea algo más simple. La presencia de selecciones africanas, sudamericanas –algunas, no todas– o asiáticas oxigenan la competición y facilitan la vida a los combinados de primerísimo nivel, que celebran que sean 6 los equipos que forman los grupos. La EHF apuesta, como podemos ver en la Liga de Campeones, por potenciar la aparición de grupos de la muerte y constantes duelos épicos. En Polonia 2016 podremos ver a España viviendo al límite en un bloque C formado por Suecia, Alemania y Eslovenia, ahí es nada.

La parte logística pesa, pero la deportiva sentencia. A pesar del notable crecimiento y desarrollo del balonmano americano, Europa sigue monopolizando la posesión del balón en los momentos clave. Los del viejo continente se reparten los galardones y no dejan que cualquiera de sus vecinos osen cuestionar su superioridad. Qatar y Brasil, en este orden, son los únicos que alzan la voz y demuestran que hay vida más allá de la península, Francia, los Balcanes o las tierras nórdicas. Dos puntos rojos en este particular tablero de Juego de Tronos.



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Razones deportivas y políticas

Como hemos podido analizar en Valonmano, su éxito se entiende a partir de un staff español, que ha mamado y enseñado el estilo del viejo continente, y unos jugadores formados y/o nacidos en las actuales cinco mejores ligas domésticas. Argentina –todo corazón–, Túnez o Egipto aún viven pendientes de dar ese paso definitivo que les de opciones de luchar por los metales. Ante este panorama, resulta una obviedad que la no presencia de uno de los buques insignia del balonmano europeo debilita seriamente el torneo mundialista. La Federación internacional lo sabe y en Qatar demostró no tener reparos en moldear el campeonato para que su aparente esencia de estructura total se mantuviera.

Alemania, Islandia y Austria pudieron jugar en Doha gracias a una ‘wild card’ que les concedió la IHF después de dejar fuera a Bahréin, a los Emiratos Árabes (dos meses antes renunciaron a su plaza para después volver a reclamarla) y a Australia. El equipo oceánico, que se había ganado su derecho a competir en tierras árabes, fue expulsada por el bajo nivel de profesionalización de su federación, a pesar de haber participado anteriormente en una Copa del Mundo y unos Juegos Olímpicos. «No existe una Confederación Continental de Oceanía reconocida por la IHF. Por lo tanto, el consejo ha decidido asignar la plaza a otra federación «, explicó el máximo organismo del balonmano internacional en un comunicado, donde argumentaba la elección de los germanos por su papel en el anterior Mundial:» El criterio que se tiene en cuenta a la hora de adjudicar es el ranking de la anterior Copa del Mundo. Alemania fue la mejor de las selecciones que no se clasificaron para Qatar 2015 (quinta) «, explicaba.

La decisión de incluir a los otros dos países tampoco estuvo excepta de polémica. Si se hubiera aplicado el mismo criterio que con Alemania, el equipo que habría ocupado uno de los dos puestos vacantes habría sido Hungría. Hecha la norma, hecha la trampa. La repercusión mediática a nivel global, los derechos televisivos y el dinero que generan mandan. Maniobras con tonalidades sospechosas para intentar conseguir que una competición luzca como su prima hermana continental. Mikkel Hansen, Nikola Karabatic, Uwe Gensheimer y una larga ristra de superdotados volverán a demostrar en enero que Europa y su campeonato siguen siendo el epicentro del talento y de este deporte.

Gonzalo Romero
Sobre el Autor

Periodista del Diari Ara. Jugador de Balonmano en el Sant Martí Adrianenc de 1a estatal. Asistió a la última Final Four de Colonia.

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