Foto: Sasha Klahn / EHF EURO Facebook 


15 de Enero de 2016. Arranca el Europeo en Polonia. 4 grupos, 16 equipos y los papeles de la función repartidos. El anfitrión, la defensa hispana, el talento danés y el combinado de leyenda inician la competición con un pie en la fase final. Eslovenia, Alemania y Croacia, lejos de ser el equipo duro y total de años atrás, las alternativas –más o menos sensatas–. Las muchas bajas por lesión, el momento de Dinamarca y el relevo generacional galo hacían de éste un campeonato abierto, sin una hoja de ruta siempre difícil de trazar en el escenario continental. Aún así y partiendo de paralelismos germanos y futboleros, el balonmano parecía seguir siendo un juego de siete contra siete donde Onesta y sus chicos se llevaban la victoria.


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La casta germana

Aún así, Noruega o el combinado que dirige Dagur Sigurðsson, entre otros, han vuelto a demostrar que en esta disciplina deportiva no se estila lo de ganar antes de pisar la pista. Los dos actores secundarios y terciarios en el primero de los casos, han puesto patas arriba un torneo que celebra hoy sus semifinales con los escandinavos y Alemania, precisamente, España y Croacia como grandes protagonistas. Bendito y loco deporte. Dinamarca y ‘les experts’, después de caer en el último choque de la Main Round, reeditarán la final del 2014 con un insulso quinto puesto como premio. Segundo tramo de la cita polaca que llegó a dicho capítulo final con 6 equipos que dependían de sí mismos para conseguir el billete clasificatorio.

Uno de ellos, la selección de Gudmundur Gudmundsson, que vio como el coraje de Steffen Fäth y compañía, sin Weinhold i Dissinger, la dejaba fuera de la lucha por el oro (25-23). El efecto Michael Damgaard, juez y verdugo ante los españoles, se quedó en nada y en parte condenó a los suyos, que sobrevivían con acciones individuales o con los goles de un genial Anders Eggert. Si la pelota no entraba, había castigo. Andreas Wolff y la combinación de solidez defensiva y efectividad dieron la victoria al bloque alemán, que dejaba contra las cuerdas a los daneses, necesitados de una derrota estatal para seguir vivos. Los chicos de Manolo Cadenas, sin margen de error, sufrieron algo más de la cuenta pero batieron a Rusia para confirmar tan sorprendente escenario.


Una sinfonía histórica

Si Dinamarca caía en el Centennial Hall, Francia lo hacía en Cracovia ante la sorpresa de todo el planeta. La humilde Noruega, la sinfonía que conjuga un balonmano efectivo y visual, ganaba de forma contundente al conjunto que colecciona triples coronas por primera vez en partido oficial desde 1961. Partido a cara de perro, donde dudar o equivocarse se paga muy caro. Y es ahí donde una plantilla que se basa en el talento, en la combinación rápida del esférico y buscar un pase más, a veces el gran olvidado del juego, se impuso. Primer periodo igualado, descanso (11-12) y golpe sobre la mesa de los nórdicos, que no volvieron lideraron el marcador durante los últimos 34 minutos.

Poca rotación (solo participaron 9 jugadores de campo) y acierto en las filas francesas, con un gran Thierry Omeyer bajo palos (35% de efenctividad) y Daniel Narcisse en tareas ofensivas (7 goles). Noruega no perdonó a un rival diluido y alcanzó las semifinales por primera vez en su historia, por la puerta grande después de vencer a la actual reina del viejo continente y a Polonia, ante más de 15.000 aficionados.


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Una carambola imposible, resultado surrealista

Como en el otro grupo, una compleja carambola evitaba que ‘les blues’ firmaran una actuación como poco decepcionante. Les valía una victoria de Croacia, gris y previsible, de entre 4 y 11 goles sobre el equipo anfitrión. Los de casa habían cogido ritmo de competición y parecían más bloque que los balcánicos, con más nombres pero faltos de cohesión. Se intuía remota, remotísima, su clasificación, poco probable pero posible con una goleada de más de 11 dianas.

Nada más lejos de la realidad. La escuadra de Zeljko Babic mostraba su cara más seria para alcanzar las semifinales europeas por 13r año consecutivo. Los once goles de Manuel Strlek y dos parciales minutos antes y después del descanso (0-3 y 0-5) decantaron la balanza de una pesadilla que ya ha engullido a Biegler, destituido del cargo de entrenador nacional. Su sorprendente actuación dejaba fuera a 2 grandes favoritas más y que envidiaban –y envidian– a España, la única capaz de hacer buenos los pronósticos.



 

 

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