«Un fred de mil dimonis» como se suele decir en catalán. Tras llegar a Wroclaw y acompañar a la selección española en su autobús, me esperaba otra jornada intensa plagada de emociones. Nada más levantarnos tocó preparar las entrevistas y los reportajes que durante esta semana haremos. ¿Qué puede interesarle a la gente fanática del balonmano?, ¿cómo enganchar a esa gente que no tiene ni idea pero que puede ser un posible espectador más?. Comparto viaje con Giulio, un italiano que en su vida ha visto un partido de handball pero que sabe de periodismo deportivo casi como el que más. Es algo novedoso hablarle de Vujovic, Cadenas o Kallmann y que ponga cara de extraño.

Nos metimos en el coche de la organización y fuimos dirección al Centennial Hall de Wroclaw. Es la sede más pequeña pero alberga tanto la primera fase como la fase final. Será por algo… ¿no?. Todo reside en su increíble e imponente estadio. Un cúpula enmarca un edificio emblemático que todo habitante de Wroclaw contempla con admiración y cuando se le pregunta por ello algo especial brilla en sus ojos.

8.500 voces. 8.500 corazones latiendo a un mismo compás. Algo único que hace que te evadas de cualquier otro ruido o sensación. Lástima que de todo el público que abarrotaba la grada tan solo hubieran 50 españoles como mucho. Además muy dispersos. Pude hablar con un grupo de asturianos que acabaron totalmente afónicos pero con una satisfacción que se les notaba en la cara. «Dale dale Sterbik» chillaban cuando España defendía su portería delante de sus mismas narices.

Pensándolo bien… Ayer España combatió contra Alemania con una fuerza brutal y prácticamente con toda la grada en contra. Los alemanes llenaron el Centennial Hall de Wroclaw y se hicieron notar. Metieron mucha presión y gritaron sin parar. Lástima para ellos que, un tal Cañellas, Tomàs, Sterbik o Valero les aguaran la fiesta.



 

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