Locos e imprescindibles. La gran mayoría de la comunidad del balonmano entiende así la figura del portero. Hay quien dice que si hicieramos un símil con el mundo musical, el portero sería el bateria del un grupo de rock. Un outsider, alguien muy importante que asienta la base de la defensa del equipo y muchas veces no adquieren el protagonismo de las miradas que reciben.

Sin embargo ¿cómo se aprende a ser portero? No se trata de meterse bajo los palos e intentar hacer lo que se pueda, se deben entrenar movimientos, intuición, elasticidad, coordinación, reflejos, colocación, explosividad, fuerza, dominio de los tempos, visión periférica, capacidad de rectificación, velocidad de piernas, pases largos

Para todo esto cada entrenador es un mundo, desde entrenadores que le dedican un entreno entero a la semana a los porteros, técnicos que deciden hacer una sesión explícita al mes, muchos entrenadores que tienen más de un portero para entrenar optan por mandar ejercicios específicos que se pueden realizar individualmente para el portero que no está en la portería en ese momento, hasta los que se olvidan por completo de sesiones específicas y los tienen simplemente parando bajo palos los lanzamientos de cada ejercicio.

Esta última opción es sin duda un graso error, puesto que es muy obvio que un portero que entrena más siempre mejorará mucho más que aquel que no lo hace. La finalidad de los ejercicios específicos es recrear una situación concreta de un lanzamiento y una o varias reacciones/movimientos, para en base a la repetición y un poco de fatiga acumulada el portero al final interiorice y automatice el aspecto trabajado de la mejor manera posible.

Pongamos algunos ejemplos clásicos de los entrenamientos de porteros que probablemente todo hayámos hecho alguna que otra vez. Para entrenar el movimiento de la clásica parada a media altura levantando la pierna, nos basta con un banco, taburete o similar; con un pie apoyado encima, nos impulsamos y hacemos el movimiento de parada con la pierna contraria, cambiamos de lado y así sucesivamente. En cuanto a reflejos y coordinación, hay una muy buena herramienta para trabajar: las pelotas de tenis. Detener un lanzamiento de una pelota de tenis obliga al portero a ser mucho más preciso en su movimiento para parar, así como a ser mucho más intuitivo ya que va más rápida y es más difícil de ver. En su campus de tecnificación de porteros, David Barrufet y Xavi Pascual usan las pelotas de tenis combinadas con una visera para reducir la visibilidad, entrenamientos que dan mucho resultado también en cuanto a la mejora de reflejos.

Otro elemento importante, la coordinación. Para esto es muy habitual jugar a pasarse a la vez dos balones, con las diferentes combinaciones que esto ofrece: uno con cada mano, uno con las manos y otro con los pies, etc. Situaciones concretas como por ejempo una vaselina en un lanzamiento de 7 metros también resultan muy útiles de entrenar. Por ejemplo situamos el portero en la línea de gol y el lanzador en el punto de 7 metros; el portero corre hacia el punto de 4 metros y una vez llega allí el jugador lanza por arriba (y así sucesivamente).

Intuición y reflejos es algo que en gran parte depende más del don innato que pueda tener el portero, pero no por eso es inútil de trabajar. Ejercicios de lanzamiento sin oposición donde dos jugadores con balón van a la vez a lanzar pero solo lanza uno; o lanzamientos desde 6 metros sucesivos, empezando siempre el portero de espaldas y girándose al toque de silbato. Otros aspectos como la elasticidad son mucho más simples de trabajar, con estiramientos de toda la vida, aunque siempre se puede combinar con otros aspectos como un ejercicio donde el portero termine haciendo una parada de spagat, etc.

Estos son algunos ejercicios clásicos para el entrenamiento específico de la figura del portero, pero ni mucho menos está todo inventado y sin duda se trata de un campo donde un buen entrenador repercutirá muy directamente en la cantidad de paradas que luego sus guardametas harán en los partidos.



Jimmy Martín
Sobre el Autor

Aficionado al deporte, a la escritura, a la lectura, y al humor. Vivo el balonmano como aficionado, periodista, entrenador y portero. Me defino como resiliente y heurístico.

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