Hace unas semanas hubo manifestaciones racistas contra la jugadora Allison Pineau, durante un partido de la liga rumana de balonmano, y al parecer, en el mismo encuentro, también hubo comentarios racistas hacia la jugadora brasileña Alexandra Do Nascimento.

Según la propia prensa rumana, tanto Alexandra Nascimento como Allison Pineau fueron víctimas de actitudes racistas en la visita del Baia Mare a Zalau. Ante lo sucedido, ambas jugadoras tuvieron actitudes totalmente opuestas: la brasileña ignoró a los provocadores mientras que la francesa denunció lo ocurrido ante la Federación Rumana de Balonmano.

En primera instancia, el Comité de Disciplina de la Federación Rumana de Balonmano sancionó al HC Zalau con 2.000 leus de multa (sobre unos 450€), y decidiendo que el club debiera jugar los tres partidos siguientes a puerta cerrada.

Sin embargo, una semana después el caso llegó a la Comisión de Apelación, organismo que resolvió dejar sin efecto la sanción aplicada al HC Zalau porque:

«El análisis de los documentos presentados por los dos clubes y el registro de vídeo no indica claramente una actitud que pueda ser calificada como racista de parte de los seguidores del equipo local contra Allison Pineau y Alexandra Do Nascimento».

Además, la Comisión de Apelación señaló que algunas jugadoras habían creado una perspectiva totalmente subjetiva de los hechos ocurridos en las redes sociales.


 

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De este modo, las dos instancias de la Federación Rumana de Balonmano han evaluado las mismas pruebas de una manera totalmente diferente. Tras esta atípica situación, el Presidente de la Federación Rumana tuvo que expresar públicamente su opinión y aclaró que escuchó «onomatopeyas racistas cantadas desde la grada».
Así, el presidente se manifestó totalmente en contra de la resolución de la Comisión de Apelación que revocó la sanción al club.

Tras haberse conocido en primera instancia la sanción que castigaba al HC Zalau, su entrenador lanzó un mensaje:

«Si se nos castiga significará que todas las competiciones deportivas se llevarán a cabo sin público, como si se tratase de una iglesia».

Esta situación ha dejado a la Federación Rumana en una posición bastante complicada, ya que el hecho llamó la atención de la Federación Europea de Balonmano, el Ministerio de Juventud y Deportes y el Consejo Nacional de Lucha contra la Discriminación.

El balonmano es un deporte que no está acostumbrado a este tipo de sucesos, aunque cabe recordar que hace unas semanas también ocurrió una escena similar en la Liga ASOBAL, cuando el brasileño César Augusto Oliveira de Almeida soportaba los repetidos insultos xenófobos de un seguidor. Aquí se resolvió de diferente manera, los colegiados decidieron parar el encuentro y expulsar del recinto al autor de los hechos.

Y para acabar, una reflexión: ¿Cuándo conseguiremos acabar con este tipo de situaciones en el deporte y en la vida en general?



 

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