Pan para hoy y hambre para mañana

EDITORIAL  /   /  Por Maikel Nuñez  /  846 views


Ciudad Real, Valencia, Algeciras, Madrid, Torrevieja, Almería, Gáldar, Santander, Pamplona, Antequera, Altea, Toledo… y tantas más. Podrían ser los nombres de los destinos preferidos para las vacaciones, pero en este caso se trata de ciudades que tocaron el cielo y bajaron a los infiernos cuando el proyecto se acabó.

Brotes verdes. Setas en medio del gran bosque que es el balonmano. Ilusionantes proyectos que una vez se cimentaron bajo el abrigo de grandes marcas y que, con la llegada de la crisis se volatilizaron llevando consigo ilusiones, títulos, personas, proyectos.

Quizás el caso más reciente, mediático y dramático, que nos tocó de cerca es el del BM Ciudad Real, que se mudó a Madrid en 2011, para intentar sobrevivir en manos del Atlético de Madrid. No fue el último, ni el primero. También en el femenino, como pasó en su momento en Estella, con la SD Itxako, por ejemplo. Y ha salpicado también en el extranjero: la semana pasada leíamos incrédulos la retirada del Hamburgo, campeón de Europa en 2013. Proyectos sustentados en gran parte con el dinero de grandes espónsors y también con  dinero de instituciones públicas, con el que crecer rápido y triunfar seguro.

Son muchos los proyectos que se iniciaron y que quedaron en el camino. Dicen que el éxito es algo efímero, pero que la gloria es permanente. Pero cuando estás en la rueda del éxito, quizás no vives pensando en qué pasara mañana. Y cuando llega el mañana, nos encontramos con la bofetada que nos despierta y nos deja en medio de un castillo de naipes derruido y que es difícil volver a levantar.

Cuando los proyectos se han cimentado solo con dinero, con grandes dosis de dinero, quizás se pierde un poco la esencia de lo tradicional, del esfuerzo de años atrás, de la historia, de la identidad. Clubes que ven en la opción fácil de la chequera la oportunidad de salir en el mapa, olvidando quizás todas las cosas buenas que han hecho para llegar hasta donde están.

La crisis, la mala gestión, la mala planificación se ha llevado por delante cientos de proyectos. Brotes verdes que desaparecieron, como lo hacía la hierba al paso de Atila, rey de los Hunos. Y donde no desapareció completamente, quedó una maltrecha herida que cuesta de suturar con el paso de los años. Equipos con problemas económicos arrastrados día a día y donde sobrevivir se ha convertido en el objetivo por delante de reverdecer unos laureles que cada vez parecen más mustios.

Crecer des de la base, que representa la savia que inyecta vida a la estructura,  confiando en el trabajo diario de buenos profesionales, con el empuje y estabilidad de la masa social y con el apoyo de instituciones y patrocinadores, sabiendo donde queremos llegar pero sin olvidar quién somos y de dónde venimos, debería ser la fórmula implícita a todo proyecto. La experiencia nos dice que encontrar el equilibrio es muy difícil, pero lo fácil es desequilibrar la ecuación olvidando alguno de los conceptos.

El balonmano vive una época difícil. Cuando la burbuja elevaba a los altares a los dichosos, unos pocos terrestres continuaban buscando el equilibrio. Curiosamente, parece que son éstos los que sobreviven. Poco a poco, como envejece el buen vino, los proyectos bien cuidados y equilibrados rara vez han salido mal. Quizás no hayan levantado tantos trofeos, quizás no hayan escrito tantas páginas en los diarios… pero lo que es seguro es que siguen teniendo su rinconcito en el día a día y no en la memoria de todos.



Maikel Nuñez
Sobre el Autor

Catalán con alma de gallego. Entrenador del CH Sant Esteve Sesrovires. Conocedor del complicado mundo del balonmano base.

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