Balonmano: ¿Cuerpo o cerebro?

EDITORIAL  /   /  Por Ingrid Cesareo  /  2247 views


La imagen del balonmano en muchos casos no es otra que la de seres enormes arrasando la portería contraria. Chicas y chicos con grandes piernas, espaldas envidiables y brazos que pueden satisfacer el deseo más grande de un abrazo con tan solo rodearnos con las manos. Son muchos los que piensan que el balonmano es un deporte de «empotradores».

Deportistas que sin pensarlo, revientan la portería contraria con el único deseo de sumar un tanto al marcador sin una previa meditación del juego. Jugadores que hacen de la pelota una extensión de la mano.

Locos del balonmano con camisetas enormes, que en caso de disponer algún día de ellas, requerirás cuatro manos en vez de dos para doblarlas. A su vez te darán ese toque sexy similar al que te invade cuando usas camisetas o camisas grandes de tu chico, por lo que son una buena opción para una tarde de partido donde el sofá y la comodidad son tus dos grandes aliados.

Estos chicos y chicas en muchos casos pueden ser un símil de Juan Palomo, ellos se lo guisan, ellos se lo comen. No hay alternativas posibles, ven una mínima opción de lanzamiento, sea en 6 sea en 8 o sea en 10 y lanzan. Pero… y ¿qué? También los necesitamos.


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¿Quién descongestiona el monótono juego de 3 minutos cuando nadie del equipo se atreve a enfrentarse al temido contrario? ¿Quién decide y gana partidos simplemente con un lanzamiento espectacular de falta directa? ¿Quién se ha regalado con un lanzamiento más próximo a media pista que a la portería contraria? ¿Quién? El cañonero, empotrador, tronero, lanzador, una de las figuras indispensables del balonmano pero no la única atribuible y asumible para este nuestro deporte.

¡Hola! Desde el centro de pista nos saluda una figura llamada central, no tiene por qué tener esas espaldas kilométricas ni un brazo descomunal, con un ideas claras le sirve. El central, así como el extremo o cualquier otro que se así se lo proponga, utiliza otros métodos para imponerse. Estas no radican en la fuerza sino en la inteligencia. Ellos conocen inmensidad de jugadas, tienen una visión panorámica del juego, ofrecen pases de alta calidad y nos dejan boquiabiertos con alguna que otra virguería como la monumental rosca que se marcó el francés Luc Abalo en el pasado europeo. Ellos son el ejemplo indiscutible del dicho más vale maña que fuerza. Cuando te faltan recursos físicos optas por recursos mentales, hay que sacarse las castañas del fuego o te acabas quemando.


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Del mismo modo en la defensa tenemos a tíos fuertes, altos y con valentía suficiente para frenar el ataque contrario pero no por eso tenemos que tildarlos de empotradores porque como su posición bien define, son defensores, defienden la portería. Por lo tanto, el área contraria no la tocan a menos que la emoción de una buena defensa les haga correr para colmar un contraataque.

Fuera de todo este dilema, quiero aclarar que, como todo en la vida nada es blanco o negro, las cosas pueden ser grises, por lo tanto un brazo musculoso puede acompañar a un cerebro desarrollado y viceversa. Por suerte, en el balonmano todo se complementa y gracias a eso podemos disfrutar de cañoneros donde los hayan como Nikola Karabatic o Cañellas que revientan porterías y del mismo modo tener al cerebro pensante de la saga que organiza a los cañoneros para que estos tengan el espacio suficiente para llevar a cabo sus barbaries. A su vez, se lucen de vez en cuando dejando caer una sonrisa tras escuchar el espectacular ¡Ohhhhhhhhhhh! por parte del público tras una acción inmejorable. No podemos atribuir al balonmano una figura concreta. Como en todos los deportes cada uno tiene su función y nadie es imprescindible, sino todos necesarios en cierta medida.

Igual que resulta monótono un ataque de tres minutos, resulta monótono un partido a base de contrataques o a base de lanzadores buscando la respuesta del portero contrario. Es por eso, que los equipos se componen de lanzadores, cabezas pensantes y defensores que a su misma vez pueden desempeñar las mismas funciones de forma alterna.

El balonmano más que un deporte de cuerpos voluminosos es un deporte de ayudas, compañerismo y equipo.



 

Ingrid Cesareo
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