Empiezas en el colegio, juegas con tus amigos de clase, disfrutas. Vas con tus padres y los demás padres de amigos a torneos que duran sábados enteros y terminas destrozado por haber jugado todo el día, pero te encanta. Creces un poco y parece que destacas, de hecho el Fútbol Club Barcelona, una de las canteras más importantes de España pregunta por ti. Un día organiza unas pruebas para hacer la selección de los que serán sus fichajes y tu acudes. Finalmente te llaman para comunicarte que les gustaría contar contigo la siguiente temporada. Te alegras, tal vez no seas consciente pero puedes estar forjando ya una carrera como jugador profesional de balonmano, algo con lo que siempre habías soñado. Una vez entras en la dinámica de los entrenamientos, en el deporte de élite, todo es duro, pero la posibilidad de mejorar y de ganar títulos lo compensa. Estas posibilidades se convierten en realidades. Dentro del conjunto vuelves a destacar, te llaman de selecciones y tu nombre empieza a ser conocido por muchos.

Pero un día llega una llamada que contrasta totalmente con las dichas anteriormente. Cruel destino, te ha mostrado la senda de un mágico sueño y luego te ha cortado abruptamente el camino hacia él. Así podríamos resumir de forma bastante literaria las historia de Èric Bosser y Alberto Giral que hoy conoceremos.

No son pocos los que coinciden en que el capitán de esa generación de la cantera, Alberto Giral, era también quien más destacaba a nivel deportivo en la pista durante el primer año de ese equipo. ¿Tragedia? No, tragedia habría podido ser no detectar la enfermedad a tiempo. Alberto dijo anteriormente que solo puede mostrar agradecimiento a la gente de su entorno que le ayudó a poder sobrellevar el tener que dejar el balonmano y tener ahora “una vida feliz y, sobre todo, segura”.

El suceso no ascendió a tragedia pero no por eso fue menos chocante. El mismo Èric Bosser dice tener grabado a fuego en la memoria el momento en que los entrenadores comunicaban a todo el equipo que Alberto no seguiría jugando: “No me lo podía creer, no asimilaba como un jugador, compañero y amigo, se veía obligado a pasar por algo así. En ese momento me dí cuenta de la suerte que teníamos el resto, y todos supimos que ahora nos tocaba a todos, más que nunca, estar al lado de nuestro compañero”. Esto sucedía un 29 de abril, tras haber ganado el campeonato de Cataluña con A. Giral designado como el mejor jugador de la final.


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Llegó el verano y el fin de temporada sin Alberto. Con la pretemporada y los primeros partidos, parecía que Èric Bosser cogía el relevo en cuanto a jugador estandarte, aquél en quien recaía la responsabilidad del balón decisivo. Pero con una revisión rutinaria se detectó una anomalía y también debía parar de jugar. Èric volvía mentalmente a ese momento tras el entreno cuando conocía del problema de su amigo Alberto “en ese momento lógicamente ni me imaginaba que podría sufrir una situación parecida”.

Ambos afectados por y en el corazón, obligados a abandonar las pistas como jugadores. Hablando en términos clínicos, en el caso de Alberto hablamos de una miocardiopatía dilatada. Hemos estado con el doctor Ricard Serra Grima, cardiólogo que trató a ambos jugadores para que nos explicara bien en que consistía cada una de las patologías. La miocardiopatía dilatada consiste en que el tamaño de una de las 4 cavidades que tiene el corazón es más grande, lo cual no es tan malo en sí, pero debilita la capacidad del corazón en su fuerza para bombear la sangre.

Alberto Giral se alejaba así de su vida como jugador, y descubría el mundo de los banquillos del balonmano base de la mano de su colegio el Sagrado Corazón Corazonistas de Barcelona: «Llevo ya 7 años como entrenador. Estoy en tercero de carrera y si encontrara un trabajo de lo que me gusta que fuera incompatible con entrenar probablemente lo dejaría», no por eso Alberto muestra menos amor por nuestro deporte, ya que afirma categóricamente que: «No hay duda que si algún día tengo hijos jugarán a balonmano desde los 2 años». Uno de sus mejores amigos de la infancia, Nacho, que también jugaba con él en el FCB, recuerda igual que Èric el momento en el vestuario, y dice vivirlo también como un punto de inflexión hasta en su propia vida: “Sabía lo que significaba el balonmano para Alberto. Entrenaba cuatro días a la semana más el día del partido, y fue un golpe tan duro que a mi mismo me dolió muchísimo”. Apunta también que en el círculo de amigos más íntimos comentaban que era momento de estar con él más que nunca, ya que pasaría a tener mucho tiempo libre. El mismo amigo dice que todavía hoy se sorprende cuando piensa en la actitud que Alberto mostró: “Fue ejemplar, a mí me gusta decir que pasó de ser el capitán de un equipo a ser el capitán de sus amigos, capitán de la noche, capitán de todas las movidas que se pudieran imaginar”. Alberto siguió y sigue vinculado al mundo del balonmano, pero se convirtió en el chico extrovertido y superactivo que hoy todos conocen.


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En el caso de Èric, el termino estricto médico para su patología es miocardia hipertrófica genética, lo que consiste en un ensanchamiento por razones genéticas de la pared que separa los dos ventrículos, lo que podría dificultar el paso de la sangre hacia la arteria aorta. Èric Bosser dejaba de jugar tras disputar el campeonato de España en Cáceres el 2011 y pasó casi dos años sin poder jugar.

Este periodo de tiempo fue muy difícil para Èric, ya que en principio se presentaba como un periodo indefinido, una baja médica por precaución. Bosser recibió por parte de la Blume la posibilidad de acudir a una psicóloga, pero él mismo afirma que prefería mil veces estar al lado de sus compañeros en la pista aunque fuera sin jugar. El jugador de la escuela Voramar se ha mostrado muy agradecido siempre con todo su entorno más cercano, compañeros, amigos, familia y cuerpo técnico más cercano a él por el soporte recibido que se materializaba en gestos como el que el entrenador Álex Barbeito tuvo con él ofreciéndole ser el delegado del equipo para poder seguir día a día en el banquillo.

El Dr.Ricard Serra insiste mucho en la importancia de seguir practicando deporte “Recuerdo el caso de un karateca que debido a una afección del corazón dejó de hacer deporte, de hecho incluso entró en el programa de trasplantes y todo. En un momento dado, decidió volver a entrenar; volver a la actividad física le hizo mejorar tanto que pudo retrasar bastante el trasplante de corazón”. En esta misma línea el doctor R. Serra afirma la importancia de las indicaciones médicas para los casos de Giral y Bosser: “No se trataba de dejar el deporte, simplemente de evitar esfuerzos exhaustivos como los que hacían en un club de alto rendimiento como el FCB; dejar de hacer deporte habría sido totalmente contraproducente para su salud”. La recomendación para ambos fue entonces, dejar el deporte de alta exigencia, pero seguir ejerciéndolo a un nivel más lúdico-recreativo.


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Llegados este punto, conociendo ya las situaciones personales de È. Bosser y A. Giral y el ámbito médico… ¿Cómo actuó el club? En este sentido las 3 voces mencionadas en este reportaje coinciden: en cuanto un jugador pierde la posibilidad de jugar a medio-largo plazo, deja de “interesar” al club. Tanto Èric como Alberto afirman no sentir rencor por ello, se trata de algo normal puesto que la institución, en el ámbito del deporte de élite, suele hacer prevaler intereses y motivos deportivos por delante de aquellos más personales o humanos. “Un poco apartado si que me sentí, pero así son los protocolos internos de estos clubs cuando un jugador deja de ser apto para competir. Para nada me arrepiento de haber jugado en el FCB”. Alberto y Èric contaron siempre con el apoyo total e incondicional para seguir delante de la gente cercana y de sus respectivos colegios que en seguida les ofrecieron la oportunidad de empezar su carrera como entrenadores.

Actualmente Alberto Giral es entrenador del equipo infantil del Colegio Sagrado Corazón Corazonistas, una de las canteras clásicas del balonmano de la ciudad de Barcelona, pero no ha vuelto a pisar las pistas como jugador por precaución. En cambio, Èric Bosser compagina su labor de entrenador con el jugar en el primer equipo del Sant Martí Adrianenc, que compite en Primera Estatal. Èric no recibió el alta médica hasta que no tuvo la opinión del Dr. Serra, que era para él ya una segunda opinión, recibiendo el alta el 10 de Diciembre de 2012 y debutando esa misma semana otra vez. Tal vez alguno ahora mismo os preguntáis si jugar en Primera Estatal no es algo muy exigente, pero la altura de Èric (por encima del 1’90) y el tipo de jugador que es, técnica y tácticamente muy dotado, le permite jugar a tal nivel evitando las situaciones de máximo esfuerzo.

Estas son las historias de dos chicos de Barcelona que se encontraron en el FCB. Ambos vivían un gran momento como jugadores promesas cuando tuvieron que dejar de jugar. Dejaron de jugar por afectaciones en el corazón, algo que en dos chicos que tanto amaban (¡y aman!) nuestro deporte fue precisamente allí donde más les dolió.

Agradecer a los mismos Alberto Giral y Èric Bosser la total cooperación que en todo momento han mostrado para que se pudiera contar su historia. Agradecer del mismo modo la colaboración también del Dr. Ricard Serra. Gracias a ellos hoy hemos podido contar esta historia de dos chicos que en su momento sufrieron en y por el corazón.



 

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