Pese a todo, aún hoy la sociedad no sigue viendo del todo normal la relación que tiene la mujer, y el sexo femenino en colectivo con el deporte. Parece como si a algunos retrógrados les hiera la sensibilidad cuando una mujer es mejor que ellos practicando algún deporte, cualquiera. O haciendo según qué cosas que no tienen tradición femenina.  Y yo me pregunto, ¿en qué siglo estamos?

Muchas son las diferencias que nos dividen a mujeres y a hombres, pero también hay muchas otras similitudes. Y una de ellas es la capacidad para practicar deporte, trabajar, escribir…, en fin, una gran lista de ejemplos que se dan en la vida misma.

Y además tenemos que lidiar con que a las féminas deportistas se nos catalogue de “poco femeninas” (por decirlo con buenas palabras), sobre todo si el deporte que practicamos es colectivo como lo son balonmano, baloncesto o fútbol (y cito estos pudiendo citar otros muchos).

No lo niego, nuestro pan de cada día es tener que contestar a preguntas como: “¿Cuántas lesbianas hay en tu equipo? Porque se dice que en balonmano lo sois casi todas”… Y lo dicen poniendo una connotación negativa a la orientación sexual de las chicas. Como si por jugar a balonmano tuviéramos que ser menos femeninas o como si a nosotras nos importara lo más mínimo. Como si por el simple hecho de ser homosexuales las chicas tuvieran que cumplir un estereotipo, que a ojos de los demás es llamado “marimacho” ¿Y qué con eso? Ya desde un principio se da por hecho que las chicas y mujeres que practicamos según qué deportes tenemos una imagen que, obviamente, es completamente falsa (o puede que no. ¿Pero, qué más da?).


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Y no sólo eso; realmente a mí siendo mujer lo que más me cabrea (enfada, si no lo consideráis políticamente correcto) no es el hecho de que se nos trate como a “marimachos” (aunque lo hace y mucho), sino las injusticias que las deportistas de alto nivel sufren en relación a su carrera deportiva. Y es que a día de hoy una jugadora que juega en la categoría máxima no puede ganarse la vida dignamente, aunque juegue a un mismo nivel que un hombre. En cambio, éste sí lo hace… Viéndose por todos los demás como algo normal y que tenemos que aceptar. Como si no se pudiera cambiar. Y además todos nosotros inconscientemente alimentamos este negocio indigno, sin mover un dedo para que pueda cambiar.

Para más inri, toco un último tema que me preocupa. El embarazo es un factor clave (que ya tratamos en Valonmano con V) en la vida de la mujer, un factor que hace que ésta se replantee elegir entre una cosa u otra: seguir compitiendo al máximo nivel u optar por la vida privada. Este factor hace que muchas mujeres vean truncada su carrera por tomar la decisión de tener hijos, y se refleja la incompatibilidad entre una cosa y otra. Para nada, a día de hoy ser madre y deportista de élite no son conceptos que van de la mano. Muchas de las deportistas de élite deciden esperar a retirarse para poder tener hijos, y otras muchas deciden dejar de jugar…

Y así, una extensa gama de problemas y dificultades con los que las mujeres lidiamos para poder conseguir algo que a otro se le brinda con facilidad.


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Por eso mismo, hoy quiero reivindicar el papel de todas las niñas, chicas y mujeres que luchan día a día para conseguir vencer esos muros que nos separan de nuestros sueños. Y en especial a esas jugadoras de balonmano que entrenan cada día para callar las bocas de iluminados como la de un “buen” señor que dijo “el balonmano femenino ni es balonmano ni es femenino”. (¿Por dios, ya hemos olvidado la naturaleza original de este deporte? Parece mentira que no se sepa que fue inventado por mujeres).

No obstante, y dejando de lado todo lo malo y lo que aún queda por superar, se empieza a notar un importante cambio de visión respecto a las mujeres que hacen ejercicio. Ahora en los gimnasios se ven muchas más mujeres de lo que antes se hubiera imaginado. El concepto ha dado un giro drástico, pues ahora una no sólo puede sentirse femenina y sexy en bikini, minifalda o shorts, sino llevando unos pantalones de chándal, una camiseta ancha y en coleta, trenza, moño o el mismo pelo corto.

Y qué decir tiene que, en lo que se refiere a nuestro deporte, hay un referente claro a seguir: los países nórdicos. Ahí las vikingas sí han llegado a cruzar la barrera y lucen de un balonmano femenino que, además de ser de calidad, es apreciado y considerado muy importante en la sociedad. Ese es el modelo a seguir.

Poco a poco el mundo se va normalizando. Y, aunque quede mucho camino por recorrer, las mujeres deportistas notamos pequeñas pero muy importantes mejoras en este ámbito, superando falsos conceptos y estereotipos. ¡Ya no es todo malo!



Paula Recio
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