Qué sabréis vosotros, que no lo habéis pasado, cómo es estar lesionada y sola, postrada en una cama sin saber muy bien qué hacer con una pierna inútil y acabada de operar… Teniendo que ser ayudada en todo movimiento que hagas, dependiendo de una persona durante el día y la noche.

Qué sabréis qué se sintió antes, mucho antes de todo eso. Porque la lesión empieza en el momento en que te rompes. Angustia por saber qué habrá sido, si te pierdes o no la temporada, ilusión y, sobre todo, el posterior chasco… Cuando intentas ser fuerte y pones cara de “no pasa nada, yo puedo parar ahora mismo un tren si quiero”… Mentira. Es ese momento en el que te sientes más débil y desprotegida. “¿Por qué a mí?” Eso es lo que te preguntas una y otra vez.

Y repasas milímetro a milímetro, a la perfección, el momento en el que todo el mundo se vino abajo y tú aún no lo sabías. Intentando buscar una explicación para responder a la pregunta “¿por qué esa jugada, si la he hecho durante toda mi vida durante cientos de veces?, ¿qué es lo que habré hecho mal?”. Pero no hallas la respuesta.


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Fuente: 20minutos.es


Ilusa de ti, te dices que los siguientes meses van a pasar rápido. Que no te dolerá. Que volverás igual que siempre, a ser la que eras antes, como si los seis (o diez) meses de recuperación fueran una fugaz pesadilla en tu vida deportiva. Te vuelves a mentir. Te proteges de algo que ves a tu alrededor y te pones una venda para poder huir de la realidad. Pero nada más lejos.

Por fin te das cuenta que tú no has sido tocada con una varita mágica, protegida por una hada madrina. Y que tus rodillas y tus ligamentos, tampoco. Que ahora tu cuerpo es de cristal y que te da miedo hasta ir al lavabo… Que no eres la elegida (o sí) y que la ruleta macabra de la mala suerte te ha escogido.  Pero lo que no sabes es cómo vas a llegar a cambiar. Si piensas que lo único que cambian son tus piernas… Estás equivocada.

Qué sabréis del dolor que se siente al ver las personas que te visitan a una triste habitación de hospital, blanca, sosa… Aunque esa sensación no es la de dolor, sino la que se siente al ver aquellas personas que no vienen… Y creías que vendrían. Esa sensación duele mucho más. Porque una vez te has lesionado, el mundo te aparta y no sirves. Ya nadie recuerda aquél partido, o ese gol. Nadie te recuerda. Eres simplemente un nombre más, otra operada más, otro “qué mala suerte”. Nos hemos mal acostumbrado.

Qué sabréis de la sensación de abandono y de soledad… De los días de fiesta perdidos, de las horas en las que te has tragado las lágrimas en recuperación, de ver como todo sigue igual menos tú, que todo sigue su curso… Que tus amigos y amigas pueden seguir jugando, disfrutando, corriendo, y que muchos de ellos lo desprecian.


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Foto: BM Granollers – Xavier Solanas


Qué sabréis de la sensación de impotencia… De no poder ayudar a tu equipo (o al menos intentarlo) en los momentos más difíciles. De estar sentada en el banquillo y pensar “esa podría ser yo”. Pero no lo eres.  Días interminables. Parece como si el tiempo se hubiera ralentizado, mínimo unas cien veces. Contando las semanas para volver… En un túnel que parece no tener salida. Pero lo que no sabes es lo que una simple lesión puede hacerte cambiar de actitud tan radicalmente. Todo aquello que importaba antes, ahora… Ahora ya no vale nada.

Saboreas los segundos, los minutos. Aprendes a valorar aquello que se te brinda, que te has ganado con tu sudor y lágrimas (literalmente), con horas y horas de esfuerzo, con renunciar a muchísimas cosas… Te has colocado un caparazón gigante de súper-mujer y ya nadie te lo quita. Es un cambio psicológico tan brutal que no puedo describirlo ni con palabras. Sólo lo sabe quien lo siente. ¡Y por fin he encontrado algo bueno de la lesión!

Lo que queda luego es algo que nadie te puede arrebatar. Has vuelto a nacer y te vas a comer el mundo. Ya nada importa más que estés bien. Porque llega el día en el que vuelves, y por más pequeña, indefensa y débil que eras antes… Tienes un fuego interior que no te lo ha conseguido apagar nadie.
“Sólo tú sabes lo que vales, y lo que tienes preparado para los demás”.



 

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