Es raro decir que clasificamos al mundial. Yo creo que esta es una de las emociones más fuertes a mi corta edad pensando que no llevo ni un tercio de los años que me quedan por jugar al balonmano. Y es que no cualquier joven a los diecisiete años es partícipe importante de la historia del handball chileno. Aparecer en las redes sociales, las noticias, el diario, una entrevista y las miles de felicitaciones y preguntas que incluso incomodan porque no sabes que más decir. Es un sentimiento inexplicable y que creo que me daré cuenta de la magnitud de todo esto y me asombraré inmensamente cuando quede en nomina para jugar el mundial y si dios quiere cuando vaya en el avión rumbo a Rusia.

Años de esfuerzo, desde que tenía once para ser exacta cuando por casualidad conocí el balonmano en el colegio Montessori de Talca (mi ciudad de origen). En el primer momento me enamoré de este deporte, no podría dejar de agradecer al Pelao (Luis Alejandro López) por hacer de este el complemento de mi vida y por los campeonatos que logré jugar con un entrenador como él dirigiéndome.

Llegar a la selección hace 5 años atrás fue uno de mis primeros logros, la paciencia es lo fundamental para que hoy en día siga permaneciendo en ella, ya que siempre habrá gente mejor que tu y debes trabajar duro para dejar de ser una jugadora del montón y ganarte un puesto y minutos en la cancha representando a Chile.


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Y es que hoy en día he dejado mi casa, mi ciudad y mi familia por el amado balonmano, jugar en uno de los mejores clubes de chile como considero que es Italiano BM y ser entrenada por Felipe quien me ha ayudado a sacar lo mejor de mí para seguir creciendo como jugadora ha sido algo fundamental para llegar a integrar el equipo ganador de la medalla de bronce panamericano.

Ni hablar de los meses previos al campeonato. La dura preparación física e intensos entrenamientos con Juan Moreno que en algún momento vi imposibles de aguantar sirvieron para mejorar aún más en cancha y también como motivación de que el sueño mundialista no era tan inalcanzable.

Es muy gratificante ver que todo sacrificio vale la pena, que las recompensas llegan tarde o temprano y que el tiempo siempre da en lo cierto. Lagrimas inevitables y un orgullo por tu equipo y tu país que solo se vive en la 40×20. Sin duda una de las experiencias más bellas que solamente un deporte como el balonmano te puede regalar.



 

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