Cuando llegué el sábado por la tarde al pabellón de Alcobendas, pude presenciar la primera semifinal, donde competían Montequinto vs Barça. El equipo del Montequinto, me fascinó como luchaba, como no se rendía ante el Barça, que tenía todo a su favor para ganar por una diferencia aplastante. El Barça finalmente ganó, pero aún así me llamó la atención el capitán del Montequinto.

Victor Deco tenía la magnífica habilidad con 17 años para levantar a su equipo, este capitán andaluz con su honradez y desde su más sentido corazón sabía hacer alzar el ánimo de sus amigos que le cubrían las espaldas y seguían sus pasos en el partido. Este chico me sorprendió porque todos los jugadores del equipo siempre buscaban su mirada, su aprobación dentro de la pista.


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Foto: Valonmano con V / Clara G. Capablo


La función de este capitán era extremadamente diferente, en comparación a los otros capitanes que pide observar. Pero también hay que remarcar la conexión del capitán con el entrenador, siempre alzaba el ánimo a sus jugadores, con una simple palabra amable y un buen grito de guerra su equipo se rebelaba y ya volvía a estar listo otra vez para luchar.

Lo que diferenciaba este equipo de los demás, era la simpatía, la humildad, las ganas de luchar, caerse y levantarse, siempre más fuertes, con más ganas de persistir, de seguir avanzando con la mirada al frente y no mirando hacia atrás, y el portavoz de este grupo, Victor Deco, junto a su entrenador Iván López se encargaban de esta misión, con su humildad y su exaltación por sus jugadores dominaban sobre los otros equipos, que iban más por libre (no escuchaban al entrenador, se notaba la tensión entre jugadores…). Pero eso no es lo que pasaba en el equipo del Montequinto, jugadores y entrenador se respaldaban partido a partido, minuto a minuto, corazón con corazón. ¡TODOS PARA UNO Y UNO PARA TODOS!



 

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