Recientemente, la Federación Internacional de Balonmano, y su máximo mandatario al frente del proyecto el señor Hassan Moustafa, tomó la decisión de que en el futuro ya no se permitirá el uso de resina. Se tuvieron en cuenta varios aspectos: limpieza, salud, ahorro

Todo este largo proceso se resume en tres grandes pasos: presentación y estudio de la propuesta, test sobre el nuevo balón y la votación final en el Congreso de la IHF. Si usted es de los que piensa que «ni hablar, seguro que todo el mundo va a votar en contra de la propuesta» creemos sinceramente que no está en lo cierto. En estas votaciones, todos los estados miembros de la IHF tienen un voto cada uno e incluye 204 países miembros. Incluye países como Timor Oriental, Lesotho, Santa Lucía, las Islas Marshall y las cantidades de pequeñas naciones que forman la organización de la IHF. Es obvio que a países como España, Francia, Dinamarca o Noruega les afecta en mayor medida en comparación a pequeños estados donde el balonmano es algo más que anecdótico. Es por eso que todos los indicios nos hacen pensar que haya un gran interés por parte del presidente Moustafa – seguramente económico – para instaurar el balón sin pega. Máximo mandatario que ya lleva 16 años en el cargo.

Como ya se sabe se han invertido más de 1 millón de euros en los estudios para crear el primer balón sin pega, y de momento el único «al tanto» de estas pruebas es la marca japonesa Molten. Pero volviendo al tema de las votaciones en el congreso anual de la IHF, está claro que hay un gran interés por acabar con la pega. Teniendo en cuenta todo el movimiento económico que genera… ¿qué dirán los fabricantes de pega? Si nos paramos a pensar, las principales marcas de pega en el mundo son alemanas. ¿Alguien conoce algún país con más influencia en la IHF o EHF que Alemania?

Así que el señor Moustafa tiene la sartén por el mango. Con toda la polémica encima de la mesa sobre el nuevo reglamento – donde en Río 2016 ya se han aplicado las nuevas normas – ahora se le suma una más, el balón sin pega. Las redes sociales han ardido estos días con comentarios en contra. Y es que a la gente le encanta la pega, es una de las mayores esencias del balonmano.

Es por eso que, ya pensando en la votación sobre el sí o el no de «el balón sin pega» pensemos que se trata de una dictadura o un soborno encubierto. Ya que, como muchos suelen decir, «hecha la ley, hecha la trampa».  Puede ser «justo» que todos tengan un voto y que ese mismo voto valga lo mismo, pero nos pica un poco la nariz cuando el futuro de nuestro deporte recae en federaciones con apenas representantes a nivel internacional.

Ocurrió lo mismo con toda la polémica de los nacionalizados por Qatar. La ley lo permitía aunque fuera éticamente muy cuestionable. Y en vez de, una vez aprendido el error, pudiéramos cambiar las leyes, todo siguió exactamente igual para que, quién quisiera y quién tuviera el dinero para hacerlo, pudiera seguir tan tranquilo. Y todo esto con el beneplácito del Señor Moustafa. 



 

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