“Antes de que me preguntéis, la actualización del reglamento no me gustan nada, pero nada». Xavi Pascual tuvo todo el verano para masticar y verbalizar su punto de vista después de los Juegos Olímpicos, puesta en escena (oficial a gran escala) de las últimas 5 normas que regirán el balonmano, emitidas a finales de 2015 por la Federación Internacional (IHF) y recogidas en Valonmano Con V. El técnico del Barça Lassa no supo –ni quiso– esperar y abrió así la primera rueda de prensa de la temporada, con los micrófonos y las cámaras matizando su ángulo y los periodistas acabando de colocarse en una improvisada zona de medios del Palau Blaugrana. Río 2016 confirmó una nueva dimensión sobre el 40×20, no necesariamente mejor que la anterior.

De estas medidas (que ya hemos explicado en este medio), tan solo la que se aplica en los últimos 30 segundos de partido (acción dura será castigada con roja y 7 metros), la tarjeta azul (señalada tras una de color rojo, confirma que esa descalificación irá acompañada de informe escrito) y la que afecta al juego pasivo (los equipos tienen un máximo de seis pases para lanzar desde que los colegiados alzan la mano) se intuyen algo prácticas. Especialmente la primera, que acabará con movimientos propios de un deporte de ring para evitar que el rival disponga de una posesión final en condiciones. Dejando de lado la de la nueva cartulina, más un capricho que una necesidad imperiosa, la tercera, que intenta acotar las situaciones más interpretables del juego, se queda a medio camino. La pauta no afecta al momento previo de la amenaza de pasivo, potestad de la pareja arbitral, que difícilmente mantiene el mismo criterio durante los 60 minutos. Mal.

A partir de ahí, una mejora claramente aguada, los argumentos que refuerzan la inclusión de las nuevas normas flojean a marchas forzadas. La modificación de la figura del portero-jugador dibuja un nuevo horizonte en ataque posicional que premia a las pizarras más simples. Con la nueva normativa, cualquier efectivo de campo (sin necesidad de peto) podrá sustituir a su guardameta y buscar la portería rival. A la larga, veremos como el juego podría acotarse y mutar a un 7 contra 6, exprimiendo un recurso que hasta este verano se utilizaba únicamente en situaciones de inferioridad numérica. Las defensas tendrán que evolucionar, sí o sí, y el éxito en tareas ofensivas se reducirá al acierto de amortizar el contraste numérico de jugadores que hay por lado. El factor abstracto de la postura de la IHF acaba de cristalizar con la nueva gestión de los lesionados durante un partido.

A grandes rasgos y sintetizando la información ya publicada, a partir de ahora los árbitros decidirán (con muchos peros) si el jugador en cuestión necesita atención médica. De ser así y sin ser nada grave, deberá esperar tres jugadas de su equipo para volver al parquet. Lejos de erradicar la exageración de los atacantes, gesto veterano marca de la casa para romper con el ritmo del choque, la Federación fomenta la dureza y las defensas agresivas, que podrán dejar KO durante unos minutos a un contrario, escogido a la carta. Un efecto rebote que sigue la línea de las 5 mejoras, que podrían garantizar más dureza, indefinición y menos juego táctico.

El desarrollo, a ritmo de mejoras superfluas y desacertadas, pone a prueba la esencia del balonmano –en claro jaque– a partir de esta temporada. Solo, irónicamente, en las competiciones de élite masculinas (Liga Asobal, Supercopa Asobal, Copa Asobal, Copa del Rey y División de Honor B) y femeninas (Liga regular, Supercopa, Copa de la Reina), que seguirán siendo el banco de pruebas del recién estrenado reglamento. En el resto de torneos (Primera Estatal sénior masculina y femenina, y División de Honor Plata femenina) solo se aplicará el nuevo formato de juego pasivo, el rol de los últimos 30 segundos y la tarjeta.



 

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