Uwe Gensheimer se ha movido este verano al PSG, Dean Bombac al KS Vive Tauron Kielce… éstos son algunos de los más sonados fichajes de este verano. El mercado y la transferencia de jugadores supone uno de los principales atractivos fuera de la cancha de nuestro deporte actualmente, ya que tal y como define la misma ley del deporte española “el espectáculo deportivo como fenómeno de masas, cada vez está más profesionalizado y mercantilizado”.

Es común que aficionados del balonmano nos quejemos de que el balonmano seguirá siendo en España un deporte minoritario hasta que no adopte las “dinámicas de un deporte grande”, por lo que los grandes fichajes mediáticos entre grandes clubs de diferentes ligas serían algo positivo, y no digo que no, pues sin duda contribuyen al formato de deporte como espectáculo de masas que a la larga se traduce en la profesionalización de éste.


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No obstante, debemos entender el deporte en todos sus diferentes estadios y las distintas realidades que comprende. Con esto quiero decir que cada cosa a su tiempo. Los grandes fichajes, para los grandes clubs de las grandes ligas, no para nuestro balonmano base.

Este artículo no pretende más que invitar a una reflexión sobre una tendencia cada vez más generalizada, la de los chicos y chicas que cambian de club cada año o cada dos buscando un mejor equipo, ser más competitivos… estando aun en categorías de mini-balonmano muchos y muchas de ellos.

Volvamos a la Ley del Deporte 10/1990 del 15 de Octubre. Esta estipula que existen tres tipos de deporte:

  • La práctica deportiva del ciudadano como actividad espontanea desinteresada y lúdica o con fines educativos y sanitarios.
  • La actividad deportiva organizada a través de asociaciones.
  • El espectáculo deportivo, como fenómeno de masas, cada vez más profesionalizado y mercantilizado.

Estaremos de acuerdo en que el deporte que practican los niños pertenece al primer tipo de deporte (también en parte al segundo al ser el balonmano un deporte que requiere de un mínimo de estructuras para ser practicado) y no al tercero. Por lo tanto, aunque algunos/as de nuestros hijos/as sueñen, tal vez incluso aspiren, a ser deportistas profesionales, no debemos olvidar que de momento juegan a un deporte de base.


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Hablo de hijos e hijas porque en estos casos, los de transferencias de chicos y chicas en un supuesto mercado de jugadores entre clubs de categorías formativas, los responsables son los padres y madres (al fin y al cabo siempre responsables legales de todo aquello que hagan los menores de edad). Obviamente, los clubs también tienen su parte de responsabilidad, desde el momento en que ordenan tareas de scouting a sus entrenadores de categorías benjamines y alevines para atraer a más gente a las arcas de los clubes. No digo que por ello olviden sus objetivos y tareas pedagógicas, educativas y sociales que por suerte la mayoría cumplen con creces; pero al ordenar a un entrenador de base que esté pendiente de hacer de cazatalentos con los rivales con los que compite, el peligro de confusión siempre quedará allí…

Dicho todo esto, es muy importante contextualizar este artículo como es debido. No hablamos de las canteras de los más grandes clubes que reúnen los mayores talentos jóvenes de su zona para su propia cantera y disponer de futuros baluartes en el primer equipo. Estos si son necesarios para garantizar una producción deportiva profesional digna y que nuestro deporte no se convierta en algo amateur; además de que lo habitual es que no empiecen la captación hasta infantil o incluso cadete. Hablamos de chicos y chicas que se van al pueblo o al barrio de al lado solo para encontrar un “mejor equipo”.

En el mundo profesional, los clubes son empresas y los jugadores productos (insisto, no pretendo criticar eso), por lo tanto existe un mercado de jugadores. En el mundo formativo, no.



 

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