Mateo Garralda y Enric Masip son “la cara y la cruz” de esta historia. Ambos, jugadores emblemáticos del balonmano español, iniciaron su largo viaje en 1985 desde el equipo junior del Balonmano Granollers. Luego, sus caminos se bifurcaron: Masip ascendió al primer equipo del club vallesano y Garralda fichó por el Atlético de Madrid y, después, por el Teka de Santander. Fue en 1994, cuando se reencontraron compartiendo vestuario en el FC Barcelona.

Garralda y Masip compartieron su debut internacional en la selección júnior, pero también su debut olímpico en Barcelona 1992, consiguiendo el quinto lugar. En 1996, al llegar a la final del Campeonato Europeo, la selección española consiguió la ansiada plaza olímpica para Atlanta 96, que tenía lugar dos meses después. Sin embargo, Enric Masip se lesionó en el partido contra Dinamarca al sufrir la fractura del quinto metatarsiano de su pie derecho, y tuvo que renunciar a viajar a Atlanta. Fue en aquel momento, en la concentración previa a los Juegos, en Sierra Nevada, cuando Mateo le prometió que si ganaban una medalla, la compartiría con él.


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Fue en aquellos Juegos cuando la selección española alcanzó su primera medalla olímpica después de vencer a Francia por 27 a 25 en el partido por la medalla de bronce. Ya desde el pódium, cuando recogió la medalla, Mateo hizo un gesto dirigido a Enric, pero que por el momento, pasó desapercibido.

Tres semanas después, los dos amigos se reintegraron a los entrenamientos, y lo primero que hizo Mateo fue cumplir con su promesa: “esto es para ti”, le dijo a Enric, entregándole la medalla de bronce enmarcada en un cuadro de madera. En un gesto sin precedentes, Mateo había cortado la medalla a bies: él se quedó con la cara y le dio la cruz a Enric. Para un deportista de élite desprenderse del galardón más preciado de su palmarés, no es nada fácil. Pero para Garralda, Masip se merecía la medalla porque había ayudado al equipo a conseguir la clasificación olímpica, pero además, por su amistad. “Solo él podía hacerlo”, dijo emocionado Masip, a quien aún le ilusiona tener la medalla, no solo por lo que representa deportivamente, sino porque se la dio su gran amigo Mateo.

Finalmente, cuatro años después, en Sídney 2000, Mateo Garralda y Enric Masip pudieron compartir el pódium olímpico: consiguieron la medalla de bronce, esta vez entera, de modo que ambos tienen una medalla y media olímpica.



 

Judit Fernández
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