Carlos Donderis el joven portero de envergadura, reflejos y mucha sobriedad, que creció deportivamente en el Club Balonmano Pinto, debutó en Asobal con el Balonmano Alcobendas. Uno de los “Juniors de Oro”, jugador con la selección española de Balonmano Playa o el portero del TUSEM Essen (segunda división alemana). Podría presentarle de muchas maneras, pero me quedo con Carlos, el joven portero de balonmano e ingeniero electrónico, trabajador, competitivo y ambicioso que como muchos otros chicos de su edad se marchó Alemania para seguir creciendo y cumpliendo sus metas y sueños.

El portero madrileño (Pinto,1992) empezó a jugar a balonmano “por culpa” de su hermano Eduardo que era entrenador de un equipo base del Club Balonmano Pinto. Resulta curioso que este gran portero madrileño empezó a jugar bajo los palos casi de casualidad: “Realmente yo no elegí ser portero, yo era lateral izquierdo hasta infantiles de primero y era uno de los más destacados del equipo, pero ese año solo teníamos un portero y como los lanzamientos cada vez eran más fuertes, dijo que no le gustaba ser portero, y nos quedamos en el equipo sin portero. Tras un par de semanas buscando gente por el pueblo y entrenando todos los jugadores del equipo como porteros, mi hermano, que era el entrenador, decidió que yo me pusiese de portero, no porque fuese el que más parase, sino porque sabía que yo no le iba a decir que no”.


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 Y menos mal que no le dijo que no a su hermano Eduardo, ya que Carlos no tardó en destacar también en la portería y a la edad de Juvenil de segundo año fichó por el Balonmano Alcobendas en el que comenzó a entrenar con el primer equipo y debutó, con tan solo 17 años, en Asobal. Fue el 9 de Febrero de 2010 contra el Portland San Antonio. El segundo portero del equipo Asobal tenía gastroenteritis y el por entonces entrenador del Alcobendas, Rafa Guijosa, le convocó para el partido.

En principio salió para intentar parar un penalti de Malmagro que ya le había “colado” tres a su compañero, no pudo ser, pero Carlos recuerda que se estrenó parando a otro de los grandes, Ruesga: “en el minuto 50 de la segunda parte íbamos perdiendo de 12 y estábamos jugando muy mal, así que Rafa me sacó para que aprovechase los minutos, mi primera parada vino en el primer lanzamiento, cuando Carlos Ruesga tras finta al débil desde el lateral izquierdo penetró con “un poco” de contacto y me fue directo al pecho, los árbitros no pitaron nada, asique cuenta como mi primera parada”.

 El debut en Asobal, o la primera parada son momentos únicos que ningún jugador puede olvidar, pero Carlos ha vivido más momentos de esos “indescriptibles” como su experiencia en las categorías base de la Selección Española de Balonmano. Su primera oportunidad fue en una concentración en Soria con más de cuarenta jugadores de la misma generación. El mismo relata que por entonces lo veía difícil: “Ahí me sentía a años luz de estar en el equipo nacional, pero me lo tomé como un objetivo por el que luchar y entrenar aun más duro”.

 Y como el trabajo duro y la perseverancia siempre tiene su recompensa lo logró, y perteneció a la generación de los “Junior de Oro”  nombrada así porque es la más exitosa en cuanto a número de medallas que ha habido hasta la fecha, con dos platas mundiales, una plata europea, y un oro europeo: “para mi pertenecer a una generación tan vanagloriada sigue siendo aún a día de hoy algo increíble y que me hace estar satisfecho. Además es una experiencia que me ha dado uno de los mejores momentos desde que juego a balonmano”, señala el portero madrileño.


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Estas no son las únicas veces que Donderis se ha puesto la camiseta de la selección española, ya que disputó el mundial de Brasil de balonmano playa en el que aprendió y, sobre todo, disfrutó mucho: “Para mi el balonmano playa es una cosa necesaria, cuando llegas a cierto nivel en el deporte, todo deja de ser tan “divertido” si, sigues disfrutando mucho, pero ya hay mucha presión y se convierte en un trabajo en el que ni un solo día puedes relajarte. El balonmano playa hace que toda esa tensión acumulada se suelte, son 10 minutos en los que estás totalmente concentrado y rindiendo, pero después pasas a comentar la jugada con tus compañeros y con tus rivales, como si en esos 10 minutos no hubiese habido tensión alguna”.

 Pero sin duda alguna, la experiencia que le ha cambiado la vida ha sido la de marcharse a jugar y trabajar a Alemania. Carlos juega desde 2014 en el TUSSEM Essen de la Bundesliga 2 y trabaja como ingeniero en una de las empresas sponsor del equipo, que respeta sus horas de entreno y los horarios de los partidos. La decisión la tomó rápido, pero lo tenía claro: “acababa de terminar la carrera y antes de dedicarme por completo a mi trabajo de ingeniero, quería ver hasta dónde soy capaz de llegar con el balonmano, así que cuando recibí la oferta, no me dio demasiado tiempo a pensarlo”.

 Todos los inicios de la gente joven que se va por primera vez de casa son duros, pero más aún si te vas a otro país en el que no dominas el idioma “el cambio fue muy duro, yo no hablaba absolutamente nada de alemán cuando vine y mis compañeros de equipo no hablan demasiado inglés, aún así salíamos a tomar algo después de los entrenamientos, pero la comunicación era muy difícil y me costó mucho, los primeros meses los dediqué únicamente a estudiar alemán, para poder integrarme un poco mejor y en cuanto ya empecé a hablar un poco y la comunicación se hizo más sencilla, todo empezó a ir mejor”.

Pese a ser duro al inicio Carlos aseguró que la experiencia le ha ayudado mucho a madurar: “el hecho de salir del nido y tener que buscarte la vida tu sólo desde cero es una experiencia dura, pero desde luego enriquecedora”.

 Lo que más echa de menos de España, sin duda, es a su familia, con la que está muy en contacto gracias a las nuevas tecnologías. Pero desde el pasado mayo aún más. Carlos se lesionó de ligamento cruzado en la pierna izquierda, uno de sus peores momentos en Alemania ya que fueron “unos meses de muchísimo trabajo, donde me levantaba a las 7 para ir 3 horas a rehabilitación y después por la tarde 2 horas mas de entrenamiento.  Además desde que volví de España después de la operación, en mayo, solo me han dado 5 días de vacaciones en julio, por lo que ha sido especialmente duro el llevar tanto tiempo sin ver a la familia”.


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Meses duros pero que ya son pasado para este jugador cuyos cimientos son el trabajo constante y la superación: “aunque tengo que recuperar las sensaciones de antes de la lesión, la rodilla ya no da problemas”.  Hace tan solo dos semanas que ha vuelto a las pistas por lo que está temporada ha jugado poco, pero en el tiempo que lo ha hecho acumula un 40% de paradas.

Los objetivos de Carlos Donderis

 Su objetivo a corto o medio plazo es lograr jugar en la que considera la mejor liga del mundo la Bundesliga primera, pero Carlos no descarta poder volver a España si le ofrecieran “un proyecto interesante  y sobre todo estable en el que poder seguir creciendo y mejorando”. Aunque asegura que ya que se ha atrevido a dar el salto a Alemania prefiere seguir intentándolo allí.

Gracias a sus años en Alemania, Donderis ha comprobado que la Bundesliga es un ejemplo de gestión a todos los niveles “los jugadores hacen anuncios de televisión y hay periódicos y revistas  de cincuenta páginas dedicadas solo a balonmano, cada semana retransmiten dos o tres partidos en la televisión pública. No soy ningún experto en marketing por lo que no se muy bien los motivos de ello, pero yo veo que aquí los pabellones se llenan con entradas que rondan los 20 euros la mas barata, da igual que juguemos contra los primeros o contra los últimos, que siempre están llenos, pero los partidos son fiestas para el espectador”.

El nivel en Alemania

 Comparando la Bundesliga con la liga Asobal Carlos destaca que “La Asobal tuvo una época dorada en la que era la envidia de toda Europa, en la que cada partido era muy disputado y había un gran nivel,  ese nivel lamentablemente está aún muy lejos”. Aunque también ve cierta mejoría en los últimos años: “Las cosas se están volviendo a hacer bien en todos los campos y eso hace que haya cierta estabilidad y que el nivel de la competición suba, aunque ese proceso no es una cuestión de corto plazo”.

 En definitiva, un joven portero que emigró para seguir progresando en el mundo del balonmano y de la ingeniería, que ha cumplido gran parte de los objetivos y sueños que se ha marcado, aunque confiesa que aún le quedan dos, el primero representar a España por Europa jugando en cualquier equipo que dispute competición continental; y el segundo, como buen nacido en el año olímpico por excelencia en España, 1992, es “poder representar a mi país en unos juegos olímpicos”.

¡Desde Valonmano con V te deseamos la mejor de las suertes para que logres eso y todo lo que te propongas!



 

Pepa Conesa
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