De nuevo nos lamentamos ante un triste episodio vivido en nuestro deporte. Esta vez fuera de la cancha pero no por eso menos condenable. Antes de reflexionar sobre ello queremos mandar desde Valonmano Con V todo nuestro apoyo a África Rodríguez y a todas aquellas personas que alguna vez, por desgracia, se han visto en situaciones similares.

Los hechos discurrieron de madrugada mientras la jugadora del Esencia 27 Ule Cleba León BM celebraba con compañeras la victoria ante el B.M.C Mavi Nuevas Tecnologías por 27-24. De repente una chica se le acercó y empezó a agredirla, tal como describió en la narración de los hechos que África compartió en su página de Facebook, «sin mediar palabra» y le agarró de los pelos y le empezó a golpear en la cabeza. La jugadora cuenta como ella no le agredió en ningún momento, simplemente intentó separarse. África describe como en ningún momento se le pasó por la cabeza la idea de devolver los golpes al ver la otra chica «más bajita y más débil», algo que no es difícil ante una jugadora de balonmano profesional que roza el 1’80 de altura. Bravo por África por no ponerse a la altura de su agresora, pero conviene reflexionar también sobre el paternalismo con el que muchos medios han aplaudido la decisión de África de no hacer uso de su superioridad física.



El encargado de seguridad del local se ocupó de sacar fuera a toda la gente implicada en la pelea (pese a que presuntamente solo hubo golpes en una dirección) y en la calle siguió el episodio racista «me llamo desde mono a puta«. África le respondió diciéndole que a ver si se curaba de su enfermedad, el racismo. Sin duda algo no va bien en la cabeza de alguien que es capaz de agredir a otra persona por su color de piel, pero el racismo no es una enfermedad suya. El racismo es una enfermedad de nuestra sociedad.

Desde Valonmano Con V ya hemos reivindicado en más de una ocasión el rechazo hacia cualquier actitud discriminatoria por motivos de sexo, etnia, físico, orientación sexual… y no nos cansaremos de seguir haciéndolo ante tales episodios. Por suerte podemos presumir de formar parte de un deporte dónde estas agresiones no abundan tanto como en otros, por eso mismo tenemos todas el deber de que siga siendo así. Podemos presumir de un deporte donde jugadoras y jugadores no tienen porque esconderse de su homosexualidad (no sucede así en el mundo del fútbol por ejemplo), pese al lamentable episodio de Polonia y la EHF no dejándole a Tobias Karlsson lucir un brazalete en soporte a la comunidad LGTBI+ en el último europeo.

Volviendo al tema central, África ha decidido no presentar denuncia por el momento por la agresión recibida y tampoco lo ha hecho el club. Está en su derecho de no hacerlo y seguro que tendrá sus motivos, pero no podemos dejar de pedir tolerancia cero ante estos actos sean dentro o fuera de la pista. No podemos permitir la impunidad ante estas agresiones y la pena que debe sufrir la agresora y todas aquellas personas que usan actitudes discriminatorias de este tipo para volcar problemas propios aprovechando rémoras de una antigua estructura social que se lo permite la debemos aplicar entre todas. Mostrando rechazo y condenando los actos. No hay cabida para el racismo en el balonmano, nuestro deporte, el que tanto queremos.



 

Jimmy Martín
Sobre el Autor

Aficionado al deporte, a la escritura, a la lectura, y al humor. Vivo el balonmano como aficionado, periodista, entrenador y portero. Me defino como resiliente y heurístico.

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