Hace menos de una semana, un club melillense compartía en sus redes sociales estos carteles para animar a niñas y a niños a jugar al balonmano. La foto habla por sí sola. Y aunque es verdad que el club ya ha expresado su arrepentimiento y ha pedido disculpas a través de las redes sociales, este es un hecho que debe servirnos – una vez más – para plantearnos la realidad social que vivimos en cuánto a los roles de género.

¿Las niñas sólo quieren jugar con muñecas? ¿Los niños odian los juguetes rosas? La respuesta es no. La gran mayoría de las cualidades que asignamos a cada género no son biológicas, sino culturales. Los colores, la ropa, los juguetes… Son cosas que se nos designan incluso antes de que salgamos del vientre de nuestra madre. Algo totalmente inexplicable. Ya que os puedo asegurar que ningún recién nacido varón va a echarse a llorar al llegar a su casa por primera vez y encontrarse su habitación pintada de rosa; más bien seremos todos los adultos de su entorno los que preguntemos a sus padres (seguramente a modo de burla) porqué han pintado la habitación de rosa si han tenido un niño.


Foto: Xavi Vegas


Educados en la desigualdad

En muchísimos aspectos hemos estado educados en la desigualdad. Y el problema es que aunque las personas somos lo que somos, otra parte muy importante es cómo los demás creen que somos. Puede parecer estúpido, pero los seres humanos nos acostumbramos a cómo los demás nos ven y acabamos adaptándonos a la imagen que otros tienen de nosotros. Imagínate que, desde que naces, recibes alusiones constantes de que debes sonreír, ser dulce, cuidar de los demás, ser ordenado/a, no mancharte, no caerte, no ser agresiva, estar guapo/a…

Mientras que la otra mitad de la población escucha lo siguiente: trabaja, sé inteligente, agresivo, compite, que nadie te pise, intenta ser el mejor… ¿Es posible que exista igualdad partiendo de esta base en nuestra educación? Es evidente que no. Se nos inculca lo que la sociedad espera de nosotros, y estoy segura de que nadie ha dudado en identificar qué es lo que escucha cada género, ¿verdad?


Foto: Xavi Vegas


Somos, o intentamos ser, lo que se espera de nosotros.

Evidentemente, más allá del deporte, esto es un problema social que afecta a todos los ámbitos de la vida cotidiana, tanto a hombres como a mujeres, que se encuentran definidos antes de llegar al mundo.

Pero, ¿cómo se traduce todo esto en el deporte? En el mundo del balonmano nos encontramos ante un entorno predominado por hombres: el número de entrenadoras sigue siendo irrisorio incluso en las competiciones femeninas, sólo 5 de los 20 cargos que forman la Junta Directiva de la Federación Española de Balonmano son mujeres y el número de jugadores continúa siendo mayor que el de jugadoras.

En el deporte profesional, la brecha salarial y las condiciones de los deportistas de nuestro país son incomparables y las empresas invierten mucho más en patrocinios en el deporte masculino que en el femenino. La cosificación de la mujer tratada como objeto sexual sigue estando a la orden del día, por mucho que quieran vendérnosla y camuflarla con otros valores (veamos sino lo que sucede con el balonmano playa y su vestimenta oficial).



Hemos avanzado, sí, pero todavía nos queda mucho camino por delante.

Mientras sigamos teniendo una educación y una sociedad que diferencia, clasifica y encasilla es imposible que exista la igualdad. De modo que nos seguiremos encontrando con ámbitos en los que los hombres sigan siendo una mayoría aplastante, y en los que la voz de las mujeres acabe estando silenciada.

La publicidad, la televisión, el cine, la industria de la moda… Son muchos los ámbitos en los que las diferencias de género son fácilmente visibles todavía. Pero el deporte, el balonmano en concreto, no debería ser uno de estos ámbitos. La educación en valores y la igualdad deben convertirse en la base de todos los clubs y también de las federaciones. El deporte debe servir a las mujeres para empoderarse, y a ambos sexos para construir una sociedad mucho más igualitaria y equilibrada. Y esto es algo que debe conseguirse poco a poco, con pequeños pasos, pero siempre hacia adelante.

Basta de “pequeños errores”

Por este motivo, ni los clubs, ni las federaciones, ni ninguna identidad de nuestro deporte, puede permitirse tener estos “pequeños errores”. Debemos hacer auto-reflexión y pensar en cuántos pequeños gestos hacemos en nuestro día a día que contribuyen a este encasillamiento de roles.

Aunque sea con la mejor intención, el perdón ya no es suficiente, tan sólo vale el evitar todos estos gestos que lo único que consiguen es contribuir a un modelo de sociedad en el que siempre salimos perdiendo las mismas.


Foto: Xavi Vegas



 

Iria Darriba
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1 Comentario
 
  1. Sara 15/10/2018 at 8:09 PM Responder

    Muy buen artículo!!! Pa fuera las etiquetas y los roles!!

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