El acceso de la mujer al deporte fue tardío y estuvo marcado por diversas dificultades. A lo largo de la historia, la mujer ha tenido que derribar barreras que le impedían triunfar y demostrar sus cualidades profesionales. Muchas mujeres, que soñaban con llegar a lo más alto y perseguir su pasión, han tenido que aguantar el peso de comentarios como: “Con el ejercicio físico tu cuerpo se masculinizará”, “Elige un deporte más de chicas, en balonmano son demasiado brutos” o “Con la ropa del equipo pareces un chico”. Es por eso que hoy tratamos la polémica sobre las faldas del Metz Handball.

Por suerte, la lucha por erradicar la imagen sexista de la mujer en el deporte comenzó hace años y los estereotipos sociales y culturales han sido derribados. Sin embargo, esa lucha continúa hoy para hacer frente a la imposición de indumentarias y vestuario reglamentario a través del cual se proyecta una imagen cosificadora de la mujer.


Foto: Arnaud Scherer


El pantalón, una lucha de igualdad

La falda siempre ha sido considerado el símbolo de feminidad por excelencia. Sin embargo, su uso comienza a transformarse de acuerdo al contexto histórico: las tendencias, la independencia y las necesidades de las mujeres. En la Edad Media, la falda llegaba hasta los pies, las telas eran pesadas, los aros y el esqueleto metálico que daba forma en su interior para estrechar la cintura de la mujer la convertían en una prenda incomoda.

Gabrille Bonheur, una mujer moderna y liberal, revolucionaria de la moda y conocida mundialmente como Coco Chanel, se atrevió a cortar la falda hasta las rodillas y dejar al descubierto los tobillos de la mujer. Después, Mary Quant, una diseñadora británica, transgresora en sus ideas, creó la minifalda.

Constituyó un momento histórico y un golpe de rebeldía en la liberación sexual de la mujer. Sin embargo, su fuerza emancipadora era débil, pues su uso era obligado. El pantalón, símbolo de masculinidad, no era una prenda neutral sino que estaba cargada de connotaciones como la fuerza y el poder de los hombres frente a las mujeres.

Además, su uso estaba prohibido para el sexo opuesto. De nuevo, diseñadores como Coco Chanel e Yves Saint Laurent continuaron con la lucha feminista y popularizaron el uso del pantalón en mujeres; crearon el esmoquin femenino y una colección apta para el entrenamiento y la práctica deportiva. El uso del pantalón permitió a las mujeres gritar: “Nosotras somos tu igual”.


Foto: HandPack


Les Dragonnes

En el año 2013, el presidente del equipo femenino Metz Handball, Thierry Wizman, decidió cambiar el uniforme de las jugadoras y sustituir el tradicional pantalón corto por una falda. El presidente explicó que el motivo del cambio era, por un lado, estético; tenía como finalidad añadir glamour al juego y, por otro lado, buscaba aumentar el número de espectadores en los partidos. Esta decisión tuvo repercusión en la directiva de la competición y se planteó la posibilidad de que todos los equipos de la liga francesa adoptasen la falda como indumentaria.

Sin embargo, la propuesta no tuvo éxito y tan solo otro equipo, el Nimes, se sumó al cambio. La acogida fue buena aunque generó polémica y se abrió un debate en el panorama balonmanísitico internacional. Léa-Faye Terzi, jugadora del Dijon francés, se mostró critica con la decisión y declaró que la medida era sexista y degradante: “En un partido no estamos para ser sexys o guapas sino que estamos para ganar. Este revuelo de las faldas reduce a nuestros aficionados a simples admiradores de piernas bonitas”.

Cinco años después las jugadoras no parecen imponerse a la decisión y continúan jugando en minifalda. A las pioneras de esta peculiar indumentaria parece que las decisiones, tomadas por motivos de marketing, patrocinio o diseño no les afectan: líderes de la liga francesa,  es uno de los principales equipos que domina el panorama femenino internacional. Han sido campeonas de la liga veintidós veces y en su vitrina de trofeos lucen ocho Copas de la liga y ocho Copas de Francia.


Foto: HandPack


El estadio, siempre a rebosar

La calidad y el talento de “Les Dragonnes” está por encima de su atuendo y los aficionados lo demuestran cada partido. Las gradas del pabellón Les Arènes de Metz cuentan cada fin de semana con miles de espectadores que, de amarillo, alientan a las jugadoras a conquistar la cima del balonmano francés. Cantan cada gol y saltan del asiento tras una buena defensa, un siete metros a la escuadra y una jugada que acaba en fly.


Foto: La Voix du Nord / VDN

Declaraciones de la ex jugadora del Metz, Ornella Dos Rei para Valonmano Con V

“Personalmente, me encantaba jugar en falda. Es algo distinto a los típicos pantalones cortos y me parece muy bueno porque agrega un toque de feminidad. Gracias a eso, nos diferenciamos de otros equipos porque la falda estaba asociada directamente con el nombre de Metz Handball”, comentaba la jugadora gala. Además, prosiguió: “Me parece que la falda es más cómoda, creo que se debe a su ligereza y elasticidad. En su mayor parte, fue aceptado desde el principio por todas las chicas del equipo, aunque a algunas en un principio les frenó la idea.”


Si las jugadoras lo aceptan, se sienten especiales y ven la falda como un elemento que las hace únicas y además, juegan cómodas, la propuesta es respetable. Por el contrario, si la decisión está motivada por pensamientos de vender a la mujer como un producto de marketing, es un hecho que aumenta la brecha de género y la desigualdad entre hombres y mujeres. Sería ridiculizar los logros que se han conseguido a lo largo de la historia. En el caso de que ellas estén obligadas a llevar falda queriendo llevar pantalón, resulta imprescindible dar cuenta de que la falda no es la que llena el pabellón. Las que hacen vibrar a los aficionados en cada encuentro son ellas, su trabajo y su profesionalidad en el 40×20. Con falda, son ellas las que llevan los pantalones.


Foto: Metz Handball



 

Muriel Martín
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