Son las 8 de la mañana, aquí estoy, en el homenaje a José Luís Pérez Canca. Con un saco de balones y la ilusión de un alevín a pesar de tener ya 21 años. Hoy es un día importante, el balonmano está de fiesta (homenaje).  Los primeros que llegan parecen tener poca experiencia en fiestas, niñas y niños van apareciendo por las instalaciones deportivas conjuntados con chandals que indican el lugar desde donde vienen. Se van creando grupos con los distintos equipos citados en el lugar. Los bostezos y las caras largas forman parte del paisaje, a las que se les acompañan las primeras quejas del día por parte de los padres “ya podíais haberlo puesto más tarde que no son horas”, a nadie le gusta estar pocas horas en la cama un fin de semana. Su hija más pequeña vestida con ropa informal le pregunta “¿Qué hacemos aquí?”, en ese momento hago un repaso mental de 1000 sitios mejores en los que estar a esas horas, el frío pone a prueba nuestra elección de vestimenta para ese día y el sol es como el espíritu de la fiesta está pero no se le nota.

Homenaje a José Luís Pérez Canca
Foto: Álvaro Cabrera / DosConFoto

Mi equipo de alevines llega tarde, la disciplina pierde efecto cuando no tienes que enseñar a los niños sino a los padres. No saben por qué motivo están ahí, solo quieren jugar. Álvaro de 8 años se me acerca con un grupo de compañeros y pregunta “¿Quién es el Pérez Canca ese?” quizás la inquietud a esas edades sea mayor que la ignorancia hacia lo desconocido y se pierde ese miedo a preguntar. Resulta paradójico que los propios participantes de una celebración no sepan quién va a soplar la tarta, pero era justo lo que estaba sucediendo en ese momento. El futuro del balonmano en Antequera, Roquetas de Mar y Málaga iba pasando por las pistas preparadas por la organización dando espectáculo para animar la fiesta. Quizás ellos eran los únicos que entendían el acto como una fiesta donde disfrutar sin preocuparse de las responsabilidades y cargas que pesan cada vez más con los años.

El balonmano se convierte en el hilo conductor del día: se escuchaban instrucciones desde los banquillos, jugadoras dejándolo todo en el 40×20 y eso acompañado de una grada que esta vez no tiene colores, animando sin cesar a cualquier equipo dejando las rivalidades a un lado, en los partidos no había equipos, sólo niñas y niños disfrutando del buen ambiente que les ofrecía el deporte que practicaban y que les relacionaba con el homenajeado. Ellos ya habían disfrutado de la fiesta, ahora les tocaba seguir disfrutando de la celebración, pero esta vez  no serían el foco de atención.

Homenaje a José Luís Pérez Canca
Foto: Álvaro Cabrera / DosConFoto

De la categoría alevín pasamos a jugadores a los cuales la categoría senior les quedaba corta, la edad se veía reflejada con canas y la abstinencia de balonmano había rellenado alguna que otra sudadera con unos kilos de más. Ya habían llegado los amigos de Pepelu al polideportivo, empezaban los reencuentros de jugadores que la última vez que se vieron seguramente se encontraban en unas mejores condiciones físicas, como señores mayores recordando tiempos mejores Quino Soler, Curro Lucena y JJ Hombrados se contaban batallitas que el balonmano les había dado y anécdotas de los ratos que compartieron fuera del terreno de juego.  Utilizaban apelativos cariñosos para llamarse entre ellos “oye calvo” con la confianza que da compartir horas, días, meses y años, por culpa o gracias al balonmano.

Homenaje a José Luís Pérez Canca
Beatriz y Helena inaugurando el Pabellón José Luís Pérez Canca. Foto: Álvaro Cabrera / DosConFotos

Tocaba inaugurar la fiesta, el nombre de nuestro protagonista ya lucía en el pabellón del complejo de Carranque, entre la marabunta de políticos me costaba distinguir a su mujer Beatriz y su hija Helena, ya que cuando los flashes de las cámaras se activan los hombres de traje salen en su búsqueda para salir en el mayor número de píxeles posibles.

Pero yo tengo un don, nunca se lo he dicho a nadie, soy experto en fijarme en aquellas cosas que no necesitan llamar la atención. Entre los egos y protagonismos allí estaban ellas, Beatriz de la mano de su hija, en silencio en esa atmósfera tan institucionalizada que seguramente no fuese la deseada por ellas. Dejando de escuchar palabras vacías para en sus recuerdos hacerle su pequeño homenaje a José Luis Pérez Canca que se marchó en 2015 con las camisetas de Ademar León, Ciudad Real, Granollers y Antequera en sus hombros.

A pesar de los logros conseguidos por el central malagueño, medalla de plata en el Campeonato de Europa de 1998, 3 Recopas de Europa, 1 Asobal, 1 Copa EHF y 1 Copa del Rey, su nombre relucía con luz propia, pero esta vez el sol radiante de Málaga le quiso acompañar para ayudarlo a brillar todavía más.  

Homenaje a José Luís Pérez Canca
Foto: Álvaro Cabrera / DosConFotos

En las gradas se iban colocando cartulinas de manera aleatoria de color azul y rosa “cada dos rosa una azul” se encargaba un hombre mayor que parecía ser él quien llevaba la voz cantante, desde mayores a pequeños ayudaban a decorar la nueva casa Pepelu. Caras conocidas del pasado y presente del balonmano español entraban en el 40×20 para volver a estrenarlo 69 años después de su construcción.

No habían pasado tantos años para los jugadores, pero el transcurso del tiempo era inexorable. Empezaban el calentamiento, todos mantenían sus manías y rituales intactos desde la última vez que pisaron un pabellón. Las canas, arrugas y la poca flexibilidad de algunos integrantes les hacían volver al presente para darse cuenta de que esos años de oro en el balonmano ya habían pasado y nada ni nadie podría devolvérselo.  Algunos se ayudaban entre ellos para que la vuelta al ruedo tuviese las mínimas consecuencias físicas.

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Poco a poco las gradas iban siendo ocupadas por niñas, abuelos, jóvenes, padres y madres que empezaban a caldear el ambiente y coloreando los asientos para disfrutar de la fiesta final. Ya desde el calentamiento, internacionales como Mariano Ortega o Juancho Pérez, intentaban emular movimientos que conocían de memoria después de repetirlos durante toda su vida, pero las piezas ya no eran las mismas y engrasarlas parecía imposible. Con el cuerpo caliente y los huesos fríos tocaba la presentación de los jugadores, 50 zapatillas hacían acto de presencia en un partido donde se veía más espectáculo que balonmano, la gente disfrutaba con el show sin importar lo que hiciesen.


Pepelu había conseguido algo que nadie te asegura cuando te vas de un día para otro sin tiempo para despedidas, la admiración y el sentimiento de mayor pureza de su familia, amigos y aficionados del Balonmano Malagueño y Español.

En ese momento de éxtasis de festividad, miré a las gradas y pude verlo todo a cámara lenta, como si de un sueño se tratase observaba a niñas abrazándose cuando alguno de los dos equipos marcaba, adolescentes que se llevaban las manos a la cabeza con vaselinas y roscas ejecutadas a la perfección, madres mirando con nostalgia el terreno de juego recordando cuando de pequeñas disfrutaban practicando este deporte con sus compañeras de clase, personas como Juan Larios que estuvo 37 años en Maristas emocionado viendo a jugadores que él mismo había entrenado “cuando eran pequeños lanzaban con las dos manos porque no tenían fuerza para tirar con una”, fue cuando pude entender lo que significó José Luis Perez Canca.

Él nunca hubiese necesitado el reconocimiento de las instituciones en Málaga, tampoco la de la Federación Andaluza de Balonmano ni siquiera de la Federación Española, Pepelu había conseguido algo que nadie te asegura cuando te vas de un día para otro sin tiempo para despedidas: la admiración y el sentimiento de mayor pureza de su familia, amigos y aficionados del Balonmano Malagueño y Español.

Homenaje a José Luís Pérez Canca
Foto: Álvaro Cabrera / DosConFotos
Albert Andrés
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