Pese a que la renovación del contrato de Colonia para albergar la #EHFF4 masculina cino años más no elevó a la más magnánima la dimensión de la liturgia de Colonia la final tuvo muchas finales dignas de ser comentadas.

Ante todo posible análisis táctico, mucho más allá de como Mirza Terzic pasó a jugar con más profundidad sobre Dianis Kristopans en la segunda mitad y como Karacic leyó ese espacio entre segundo y tercero defensivo con pivote fijando en el centro. Más allá del tremendo trabajo defensivo de Kalarash o de la brutal intensidad de Veszprém que le permitió un parcial de 0 a 5 del 31:27 al 39:17. Más allá de estos detalles y mucho más, la plantilla del HC Vardar ha construido esta segunda victoria en la #EHFF4 sobre algo tan senzillo como tener más hambre y más ambición que nadie.

Nada más puede explicar como un cuerpo, a priori humano, como el de Kristopans puede mover durante casi 120 minutos en apenas 24 horas 215 centímetros y mas de 130 quilos a semejante velocidad en un alarde físico como pocos se recuerdan. Nada más puede explicar como una portería formada por dos jovencísimos Kalifa Ghedbane y Dejan Milosavljev (22 y 23 años) suman un 31,5% mientras que los archiconocidos y más que contrastados Arpad Sterbik y Roland Mikler se quedan en un 25,5%. Una final con muchas finales.

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La final de Roberto García Parrondo, estrenándose como entrenador, llegando como técnico por primera vez a una final, con una plantilla con escasos recambios de nivel y jugadores que llevan meses sin cobrar. Un barco aparentemente imposible de gobernar. Imaginen la tarea de ponerse al frente de tal proyecto. Roberto lo entomó, aprendió macedonio, y con ello ha ganado absolutamente todo: liga macedonia, SEHA League y VELUX EHF Champions League. Un equipo que se ha ganado a la afición internacional con su juego, con 4 nombres en el 7 ideal de la SEHA League y otros 4 en el 7 ideal de la VELUX EHF Champions League.

La final del dia después de la exhibición de Nenadic. Pocas actuaciones parecidas de recuerdan. La friolera de 12 goles en 18 minutos de juego. Hablando en plata, el serbio se tiró hasta las zapatillas en la semifinal ante Kielce, en total 14 lanzamientos. El segundo defensivo de Shiskarev primero y de Moraes luego, junto a la porteria macedonia consiguieron secarle en la final dejándole en un 3/7.

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La final de los banquillos en castellano. Ya lo habíamos apuntado anteriormente. La nueva generación con Parrondo y Davis se impuso a Dujshebaev y Pascual. La táctica y la velocidad de balón elevadas a la máxima expresión. Seria injusto hablar de repaso táctico del Vardar en la primera mitad, al término de la cuál ganaban 16-11, porque el Veszprem jugó bien dándole mucha velocidad a la pelota de lado a lado. Pero si el Veszprém jugó bien, el Vardar jugó excelso. Un verdadero recital de balonmano. Y cómo prueba miren la cantidad de minutos que disfrutamos de 4 centrales en pista (Skube y Karacic por un lado y Nenadic y Lekai por el otro). Fueron muchos minutos con mucho balonmao.

La final en la que, una vez más, Arpad lo cambió todo. Bajando la persiana a su entrada, el bueno de Sterbik casi lo hizo una vez más. Pero con el contexto totalmente distinto, con el precio del gol mucho más caro y la intensidad defensiva en ambos lados a niveles incandescientes, ese partido de rápidas circulaciones de balón dejó de existir. La grandeza de Arpad está en como de fácil parecen sus paradas y como encoje el brazo de su oponente. Tocaba bajar al lodo, embarrarse, y ahí no fallaron ni Moraes con sus 6 goles, ni dos viejos rockeros como Stoilov y Cupic.

La final de los «solo» dos goles de Timur Dibirov. Pero qué dos goles. Al extremo ruso se le caen los highlights del bolsillo y le da igual estar en una final de la competición más importante del año que en un entreno de pretemporada ante el portero del juvenil. Un gol imposible con menos de un palmo y una rosca marca de la casa. No cambies nunca Timur.

La final de la despedida de Nagy y Ilic. Dos nombres sin los que no se puede entender la historia de principios de siglo de nuestro deporte. Ninguno de los dos pudo aportar demasiado sobre la cancha, aunque el agradecimeinto que se les debe por todas las tardes que ambos han hecho disfrutar a miles de aficionados es inmenso.

Ganas, ambición, intensidad, disquisiciones tácticas, qué más da. Al final gana el que más goles marca. Aunque en esta final sin duda ganó el espectáculo, ganó el balonmano. Fin del show. Fundido en negro y hasta la próxima.

Jimmy Martín
Sobre el Autor

Aficionado al deporte, a la escritura, a la lectura, y al humor. Vivo el balonmano como aficionado, periodista, entrenador y portero. Me defino como resiliente y heurístico.

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