Tocó poner rumbo hacia la casa del Campeón de Europa y a un país desconocido en todos los sentidos para mí, Macedonia. Quizá un buen resumen del país y de su “desorganización”-en sus aspectos buenos y malos- es que un lunes lectivo y laboral,  a las 13:00 horas,  estén  jugando un partido de categoría cadete -Vardar vs Metalurg- con el pabellón con 50 personas adultas viéndolos. No me preguntéis cómo consiguieron ausentarse del trabajo y los chavales faltar al colegio, ya que muchas veces, -por desgracia- anteponen el balonmano a sus estudios.

Esto desde luego no es una excepcionalidad, porque a las 8 de la mañana en un festivo también están grupos de cadetes entrenando en el pabellón.  Y en periodo de pre-temporada a las 7, y es bien aceptado por todo el mundo. Lo tienen normalizado y forma parte de su cultura deportiva y ocupación positiva del ocio. ¿Qué dirían los padres en España? ¿Cuántas barbaridades deberíamos escuchar los entrenadores? No siempre es un problema de disponibilidad de pistas, a veces es la motivación de todos los agentes deportivos de un Club o un equipo: jugadores, entrenadores, directivos, padres y el esfuerzo que estamos dispuestos a hacer. También os he de decir que lo primero que se debe hacer es entrenar bien y luego mucho, pero de esto ya hablaré en próximos artículos.

La experiencia ha sido desde luego diferente a nivel humano porque la personalidad y el carácter macedonio ha hecho que allá donde fueras en este país, en cualquier sitio, te sintieras acogido,  como en casa, con un carácter muy mediterráneo. Incluso a veces escuchando palabras en español gracias a esa curiosa afición macedonia por las telenovela.

A nivel deportivo ha supuesto un aprendizaje, no sólo a nivel táctico y de metodología de trabajo, en todos los aspectos, de un equipo de nivel top. Esta vez ha sido un máster sobre lo que a veces supone la vida del entrenador. El deporte no es siempre es justo con nuestro trabajo y decisiones precipitadas comportan resultados inapropiados.

Carlos Langarita con Filip Jicha
Carlos Langarita con Filip Jicha

Todos los equipos tienen días en los que un cúmulo de circunstancias se ponen en contra y no sale el sol por ningún lado, especialmente en las fases iniciales de la temporada. Este día, sin duda fue el partido ante el THW Kiel, con una primera parte espléndida de Landin. Y una derrota contundente pero que tampoco reflejó lo visto durante la segunda parte en el partido, en la que llegó a remontar 6 goles el Vardar.

Esto provocó el, a mi juicio, injusto cese como entrenador de David Pisonero, convirtiendo la segunda semana de mi estancia en una situación más complicada, pero en la que pude aprender muchas cosas sobre las decisiones trascendentales que los entrenadores debemos tomar en nuestras vidas y  que, a menudo, afectan a otras vidas.

Una vez superada esta experiencia, y con ciertos conocimientos del alfabeto cirilíco, tocan unos pocos días de vacaciones para recargar las pilas de energía y sumar una primera experiencia internacional, en este caso la concentración Juvenil Masculina de Eslovaquia en Puchov.

Artículo cedido a Valonmano con V por Carlos Langarita.

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