El Campeonato de Europa de balonmano femenino está envuelto en un manto de incertidumbre. La competición que se disputará en Noruega y Dinamarca está en el aire debido a las estrictas medidas sanitarias contra la pandemia por el COVID-19 impuestas por las autoridades noruegas. Una nueva piedra en el zapato para una de las competiciones más importantes del balonmano europeo e internacional. El torneo tiene fecha del 3 de diciembre al 20 de diciembre.

Noruega, con una incidencia en la actualidad de 36 casos contagiados por 100.000 habitantes en los últimos 14 días (menos de la décima parte que España según informa diario Marca), exige el aislamiento en cuarentena de cualquier equipo que registre un caso positivo entre sus jugadoras. La misma medida se aplica para su último rival, quien también tendría que hacerse las pruebas.

Noruego y su protocolo estricto

Eso significa que cualquier positivo de una jugadora en ese país, durante el Europeo, supondrá que su selección no podrá seguir en la competición. Tampoco el equipo con el que haya jugado su último partido. Una medida estricta, pero que viene de la mano con la complicada situación. En estas condiciones será muy complicado mantenerse en el Europeo hasta sus instancias finales. Se podría dar el escenario de que tras las semifinales, uno de los dos ganadores tuviera un caso positivo en su plantilla y no pudiera jugar la final. Por lo que el campeón se decidiría sin jugar. Una verdadera vergüenza.

«Cumplimos las directrices de las autoridades. No es algo que hayamos elegido, pero las autoridades dicen que es tan simple y tan exigente como esto», declaró con resignación el secretario de la Federación Noruega de Balonmano, Erik Langerud.

Las reglas han generado un estado de alarma en la EHF, que debe buscar una manera de facilitar la participación de los equipos en la competición que se disputará en Noruega y Dinamarca.

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